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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Pérez-Reverte publica su nuevo libro "Sidi"

 Portada del libro

Salío a la luz la novela de Arturo Pérez-Reverte "Sidi", un relato sobre el Cid Campeador Rodrigo Diaz Vivar; presentamos parte de la entrevista otorgada a ABC de España:

Se acaba de publicar «Sidi» (Alfaguara), la última novela del escritor y miembro de la Real Academia Española (RAE) Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951). Sidi es Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, donde empieza su leyenda: su liderazgo, el sentido del honor, del valor, de la lealtad y de la dignidad, pero también del orgullo, la rapiña, la sangre y la espada. Un viaje a través del tiempo a esa España de hombres duros, con otros ideales; hombres de coraje y estrategia en la batalla, en las esperas, en las incertidumbres... Cuando el eco de la batalla de Pinar de Tébar aún resuena en mi cabeza, hablamos. Siglo XI, plena Edad Media, España de moros y cristianos. Sidi se gana la vida en el destierro. ¿De qué habla esta novela? Hay dos planos fundamentales: el primero es cómo era la frontera en el siglo XI, que era nuestro lejano Oeste. Se trataba de una frontera muy peligrosa e inestable, llena de gente igualmente peligrosa. El otro plano es una reflexión sobre el liderazgo: cómo una persona es capaz de hacerse con el control, con el respeto y con el mando de una mesnada de gente dura y peligrosa en un lugar no menos peligroso. Es decir, cómo alguien es capaz de hacer que lo sigan, incluso que mueran por él. Es un doble plano: el personaje y la época. Dice que hay muchos Cid en la historia de España, unos mejores que otros. Pero este es el mío. Y yo quería contar un Cid que todavía no se hubiera contado, sobre todo en el momento en el que él se forja. A ese Cid he llegado con toda la documentación, pero también con toda mi biografía personal. He volcado cuanto sé del ser humano en ese tipo de cosas, y mi mundo está muy presente en esa novela. El Cid mira el mundo como yo lo miro: le he dado mi mirada. Por eso hay una carga personal, una parte biográfica. Cuando hablo de violencia, de muerte, de sangre, hasta cierto punto las he vivido. Como fotoperiodista bélico ha cubierto diversos conflictos, como los sucedidos en Líbano, Sudán, Bosnia... Y como escritor las batallas están presentes en muchas de sus novelas. ¿Por qué esa fascinación por la guerra? No es fascinación. Yo salí de casa muy joven, con una mochila y unos libros, y fui a una guerra. Y me di cuenta de que era un lugar muy especial. Porque en la guerra aprendía cosas en un día que igual hubiese tardado diez años en aprender. Yo tenía veinte años y tenía una visión de la cultura que me permitía interpretar la guerra como algo más que un mero espectáculo de barbarie. Era nutritiva en el sentido intelectual. Aprendí sobre los seres humanos, sobre sus comportamientos, sobre el valor de las cosas. La guerra es horrorosa. Me fascinó más bien el sentirme cercano a las verdades de lo que es el ser humano. Debajo de la leyenda o lo romántico del personaje subyace la más terrible de las violencias. En «El pintor de batallas» hace una profunda reflexión sobre la crueldad como un impulso irresistible. ¿Es la crueldad inherente al hombre? El ser humano es un animal muy peligroso, y sí, cruel. La cuestión es que nosotros queremos que el mundo sea de una manera: que haya reglas, normas de comportamiento, además de principios morales, de una Ilustración que nos hizo cambiar la forma de mirar el mundo, o de un Renacimiento. Hay eso: de Homero y Platón hasta ahora. Pero es que el mundo no es así. Esto es una pequeñísima parte del mundo. En cuanto sales fuera, en cuanto te vas a la India o África además le añades la guerra. Ese es el mundo real. Creemos que todo es estable, y cuando has estado por Beirut o Sarajevo te das cuenta de que basta una crisis política, económica o social, para que toda se vaya al carajo. ¿Qué da la guerra? La guerra te da la conciencia, la lucidez de un marinero, que ha de estar siempre atento al mar. Y esa certeza del desastre como algo posible, que el occidental ha perdido, nuestros abuelos la tenían todavía. Había entonces una mayor proximidad con la realidad de las cosas. Yo he visto la violencia: he visto matar, he visto torturar, y he sido amigo, además, de gente que hacía esas cosas. Y esa misma gente que ha hecho cosas horribles ha hecho, el mismo día, cosas estupendas. Eso te da una medida de las cosas muy distinta. Con eso hago novelas. Y esta novela transcurre en un tiempo violento, de una terrible inseguridad y donde sobrevivir era difícil. ¿Cuál cree que es el precio que ha pagado el ser humano por la seguridad que disfrutamos hoy en día? Somos más vulnerables. En esta novela hay una cosa que he intentado que se remarcara mucho. Es el hecho de que todo el mundo se pasa mucho rato mirando. Mi intención era decir que, en el siglo XI, en esas fronteras y sitios peligrosos la gente miraba porque mirar significa vivir o morir. Por eso en la novela son tan importantes los momentos en los que los guerreros miran, observan, se paran, etc. Ahora, lo único que miran los seres humanos es el móvil o la televisión. La realidad no la miramos. El mundo es un lugar hostil poblado a menudo por hijos de puta: esa es una definición muy justa de lo que es el mundo. Si estás atento, si estás mirando, puedes sobrevivir mejor. Esa falsa seguridad que nos da el no mirar la realidad la pagamos muy cara.
Sigue leyendo la entrevista aquí

martes, 20 de mayo de 2014

Primera novela boliviana: Claudina

Foto de la portada del libro (Página Siete)


Las bóvedas del Banco Central de Bolivia atesoran en su seno a la que es considerada como la primera novela boliviana. Claudiana. Dice la nota de Página Siete:
Es 1847. Julián, un oficial de infantería, confiesa a su amada, Claudina, que tiene que dejarla porque partirá rumbo a la guerra contra el Ejército de Perú. Al escuchar la noticia, la joven, de apenas 15 años, enloquece. Ésa es una parte de la trágica historia de Claudina, escrita por José S. de Oteiza y considerada la primera novela boliviana. Aunque Juan de la Rosa, que Nataniel Aguirre escribió en 1885, es considerada en diversas esferas como la primera novela escrita por un boliviano. A nivel académico se sabe que antes, a inicios de la época republicana, hubo varios escritos de ficción que no alcanzaron la misma difusión ni trascendencia, y de los que casi no hay rastros más allá de hojas sueltas, ejemplares en mal estado o referencias en diversos escritos. Claudina, que narra una trágica historia de amor, data de 1855 y fue editada en La Paz. El único ejemplar de la novela es conservado en la biblioteca del Banco Central de Bolivia (BCB). La obra comienza con un "preámbulo”, en uno de cuyos párrafos el autor confiesa: "No tenemos la presunción de escribir, por el contrario, paladinamente confesamos que éste es nuestro primer trabajo literario. Sin embargo, procuraremos que las partes constitutivas del escrito, es decir, los pensamientos y el lenguaje, armonicen en lo posible...”. El autor también advierte que la historia que narra está basada en un hecho real y que cambió los nombres de los protagonistas para evitar "la vergüenza de los familiares”. "No escribimos un libro, narramos simplemente un hecho que ha pasado a nuestra vista, pero que tal vez está ya olvidado...”, se lee en la obra. Luego viene el primero de 12 breves capítulos, El Hurmiri, y el último se llama Julián. A modo de epílogo, hay una nota en la que Oteiza da más detalles de la historia. La novela es ambientada en La Paz, en los alrededores de Urmiri, un pequeño cerro al sud del Illimani, "en la Quebrada de Zapaqui”. Según la obra, este cerro estaba ubicado en la propiedad del doctor Manuel Ballivián. En cada escena, Oteiza hace énfasis en describir las características del clima y de los paisajes. Entonces, de alguna manera nos transporta a imágenes de cómo era La Paz entre los años 1847 y 1855. En abril de 2012, Página Siete publicó una nota sobre el hallazgo de Claudina, en la biblioteca del Banco Central de Bolivia. La nota llevaba el título "Aparece desconocida novela boliviana escrita en 1855”, y hasta esa fecha ningún literato consultado por este diario conocía algo de la que sería una de las primeras ficciones hechas en el país. Tampoco figuraba en recopilaciones ni estudios. Tras la publicación del reportaje, en agosto, ese repositorio imprimió copias de la novela para invitar a los lectores a un viaje en el tiempo. Sobre la obra Tesoro Claudina, la obra considerada la primera novela boliviana, escrita por José S. de Oteiza, es resguardada en la biblioteca del Banco Central de Bolivia (BCB). El libro tiene 12 capítulos y contiene 55 páginas. Disponibilidad En agosto de 2012, responsables de ese repositorio imprimieron copias de Claudina, que pueden ser encontradas en esa biblioteca y en puestos de los canillitas. EL AUTOR Vida De José S. de Oteiza se desconocen sus datos bibliográficos. Tras publicar Claudina, no se le conoce otra obra. Obra Su libro titulado Claudina (1855) es una de las primeras novelas escritas por un boliviano.

viernes, 27 de abril de 2012

Diccionario de la novela boliviana

Elías Blanco (foto Página Siete)

Hoy se presenta la obra del autor Elías Blanco "Diccionario de novelistas bolivianos", un aporte a la cultura literaria del país, dice la nota:
La información sobre 918 novelas y 491 novelistas bolivianos, desde 1834 hasta 2012, fue registrada en el Diccionario de novelistas bolivianos, el nuevo trabajo del periodista cultural Elías Blanco Mamani. La obra, que es el resultado de 20 años de investigación, será presentada por su autor esta noche en el Centro Simón I. Patiño de La Paz y comentada por el literato Omar Rocha y el bibliógrafo José Roberto Arce. Según Blanco, el diccionario presenta biografías de los autores ordenadas alfabéticamente, además de síntesis de sus novelas y también comentarios sobre su obra general extraídos de importantes textos críticos como los escritos por Augusto Guzmán , Werner Gutttentag y Juan Quirós, entre otros. “La intención de este trabajo es valorar el patrimonio novelístico que tenemos y cuando se habla de patrimonio, es importante tener el dato de la fuente, la referencia o la documentación registradas, porque es importante saber cuántos somos, quiénes somos y qué hemos escrito”, afirma Blanco. Sobre esta publicación, el literato Omar Rocha dice que se trata de uno de los trabajos más importantes de registro y ordenamiento de la novela boliviana. “No solamente es uno de los trabajos más completos sobre lo que se ha publicado en novela en la historia de Bolivia, sino que hay indicaciones con comentarios críticos, referencias de sus fuentes y también reseñas de las novelas”, explica el literato. El trabajo es el segundo de una serie de diccionarios culturales especializados por áreas, que sigue a la publicación dedicada a los poetas bolivianos y que precede a los trabajos sobre cuentistas, dramaturgos y ensayistas que Blanco proyecta publicar en los próximos años. Fuente de estudio Según Rocha, a partir de los datos que ofrece, esta publicación puede ser una importante fuente de estudio para investigadores y literatos. Por ejemplo, Blanco asegura que de la publicación se pueden extractar datos referidos a la primera novela boliviana publicada en 1834, la cantidad de novelas por año, los porcentajes de novelistas varones y mujeres, entre otras estadísticas. Blanco explica que el trabajo de registro permite concluir que en los primeros 100 años de la novela boliviana ( 1834 - 1934) se publicaron 87 obras. En cambio entre 1935 y 2012 se publicaron 831 novelas, es decir, un promedio de diez obras de ficción al año. Asimismo, Blanco afirma que 2009 fue el año en que más novelas se publicaron con 34 obras, al que le siguen 2010 con 30 novelas y 2008 con 27 ficciones. El investigador asegura que los escritores que más novelas han publicado son el cruceño Wolfango Montes Vanucci, con 16 obras, y el tarijeño Gonzalo Lema, con 12. “Más del 80% de los novelistas bolivianos son varones”, informa . Además, el también periodista cultural Elías Blanco consigna en su listado novelas inéditas de autores como José Ballivián, Julio de la Vega y la poeta Blanca Wiethüchter.

Sergio Ramirez premio Bienal de Novela "Mario Vargas Llosa"

El escritor nicaragüense Sergio Ramirez se alza con el premio de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra "El caballo dora...