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domingo, 5 de julio de 2020

La biblioteca de Carlos Fuentes





La máquina de escribir Olivetti Lettera 30  de Carlos Fuentes.
                     La máquina de escribir Olivetti Lettera 30 de Carlos Fuentes. Mónica González
En el periódico El País (España) entrevistan a Silvia Lemus viuda de Carlos Fuentes, quien nos muestra la biblioteca del escritor de "La región más transparente"; dice  la nota:

Pocos días antes de morir, Carlos Fuentes escribió el esqueleto de lo que podría haberse convertido en su próxima novela. En una hoja de papel con fecha de mayo de 2012 fue apuntando a mano, con bolígrafo negro, una lista de 28 escenas y personajes: “el baile del centenario”, “Madero”, “la madrugada”, “madre-hijo”. Al terminar, grapó la cuartilla a la pared de su escritorio. Aquella hoja sigue en el mismo lugar ocho años después. En el hueco de la estantería, detrás de la silla de trabajo. Encima del fax, sobre los dos retratos enmarcados de sus padres y al lado de unas viñetas gráficas del New Yorker. Uno de los estilizados chistes recortados del semanario en el que un hombre entra a una peluquería a cortarse el cabello y cuando termina sale de la tienda sin cabeza.

En los cajones también están sus plumas, rotuladores, marcadores de hojas y hasta un hatillo de antifaces para dormir. Una pila de libros, algunos en doble y triple fila, cubren la mesa de madera en forma de ele. “Siempre trabajaba en un huequito a pesar de la mesa grande que le compré. Quién sabe por qué. Manías de escritor”, explica sentada en la silla de trabajo de su marido Silvia Lemus, su esposa durante los últimos 40 años y albacea de su legado. Mientras nos explica más anécdotas, Lemus intenta echar el respaldo de la silla para atrás sin conseguirlo: “Al no usarla nadie desde hace ocho años, está tiesa”.

Como si el tiempo se hubiera detenido aquel 15 de mayo de 2012, todo está prácticamente igual en el escritorio de uno los grandes nombres del boom latinoamericano. Incluida la extensa biblioteca que se abre a la izquierda colonizando la pared de la habitación del estudio. Ocho filas de estanterías que van del suelo al techo. Es la zona de ensayos: filosofía, antropología, historia. Otras dos hileras ocupan el espacio de la esquina con traducciones al indio, al polaco o al chino de sus propias obras: La muerte de Artemio Cruz, Aura, Terra Nostra. Solo queda libre una pared con diplomas, la puerta y el ventanal que da paso a la azotea de la vivienda. Más de 14.000 títulos repartidos por toda la casa. Una elegante y ascética construcción de Luis Barragán, el único premio Pritzker mexicano, en un barrio residencial del sur de la Ciudad de México, donde se asentó la pareja tras los diferentes destinos del escritor como diplomático mexicano: París, Washington o Londres. En el apartamento que Lemus aún conserva en la capital inglesa hay otros 8.000 volúmenes.


Dos veces a la semana, una bibliotecaria viene a la casa de los Fuentes a poner orden en el caudal de libros. La colección es uno de los pocos supervivientes del acervo del premio Cervantes mexicano. Casi todo el archivo está ya a resguardo en la Universidad de Princeton por deseo expreso del propio autor. De hecho, los envíos a la universidad estadounidense, donde fue profesor durante la década de los ochenta, aún no han finalizado. Los otras dos habitaciones del estudio guardan cajas y cajas de material. En uno de los archivadores se lee: “Correspondencia 1943-2012. Revisar y enviar a Princeton”.

Silvia Lemus tiene, sin embargo, otros planes para la biblioteca. “Vamos a donarla a la Universidad Veracruzana. Su familia paterna viene de allí”. La decisión también la dejó encargada en vida el autor. El nuevo fondo universitario llevará por nombre Biblioteca Carlos Fuentes Lemus. Su bisabuelo fue un migrante alemán que en el siglo XIX fundó una hacienda cafetalera en el lago de Catemaco. Su padre, ya veracruzano, fue también diplomático. En una de sus primeras paradas internacionales, en Panamá, nacería el escritor en 1928. En Brasil, mientras su padre trabaja como secretario del embajador, ensayista, narrador y poeta Alfonso Reyes; el hijo, como él mismo solía contar, aprendió “a ser novelista sentado en las rodillas” del prototipo de intelectual liberal mexicano.

De la larga tradición de escritores-diplomáticos también formó parte Octavio Paz. Ambos se conocieron en París, en 1950, cuando Fuentes tenía 21 años y el futuro Nobel mexicano 35. “Nos hicimos amigos inmediatamente”, cuenta el propio Fuentes en A viva voz, un compendio de conferencias y otros textos sobre literatura publicado por Alfaguara a finales del año pasado. Junto a Elena Garro, Bioy Casares o Silvina Ocampo, los dos amigos salían de fiesta por los cabarets de Saint-Germain-des-Prés, “donde Albert Camus demostraba ser un gran bailarín de boogie y donde Luis Buñuel regresaba al triunfo de Los olvidados en Cannes”. Cinco años después, ya en México, continuaron las correrías: “organizábamos fiestas toga parties con muchachas muy guapas”. Eran los días de vino y togas, antes del giro conservador de Paz, que lo alejó de Fuentes y tantos otros escritores latinoamericanos. “Aun así —recuerda hoy Lemus— fue un amigo a quien siempre quiso. Lo quiso de verdad”.


En uno de los pocos huecos sin libros en las paredes del estudio hay cinco fotografías enmarcadas de algunos de sus escritores fetiche: Balzac, Kafka, Faulkner, Poe y Melville. A casi todos dedicó el autor mexicano reflexiones y alabanzas. En su libro de conferencias, se centra en una de las primeras novelas de la serie La Comedia Humana, de Honoré de Balzac. El protagonista es un joven que recibe de un viejo anticuario una extraña piel con poderes mágicos. Un vehículo para abordar la ambición, la miseria, el ascenso social, o la corrupción como ingredientes del naciente capitalismo. Temas centrales en la novela naturalista y que, de alguna manera, Fuentes integró también en su narrativa. A modo de lección, reflexiona en su ensayo: “Acaso el protagonista balzaciano sea el primer héroe del absurdo moderno”.

De Herman Melville, dice que “la loca cacería de la ballena blanca por el capitán Ahab revela el desastre al que puede conducir “el orgullo fatal” de un hombre y un país que se despiden de su inocencia”. Una alegoría universal, pero que resuena con fuerza al analizar el México posrevolucionario y la vileza de sus caudillos, núcleo central de La muerte de Artemio Cruz. Sobre Faulkner, del que tanto bebieron los exponentes del boom, destaca la importancia del territorio mítico de sus novelas, el condado de Yoknapatawpha, perdido en algún lugar del sur profundo de EE UU. Y subraya: “Como en los casos de la Comala de Rulfo y el Macondo de García Márquez, a mayor intensidad local corresponde mayor significancia universal”.

Las notas sobre sus lecturas solía apuntarlas a mano, sobre las mismas hojas de los libros o en cuadernos. “Vivíamos siempre rodeados de libros. Los subrayaba, escribía en el margen y utilizaba códigos. Algún día se descifrarán sus garabatillos”, apunta Lemus con una sonrisa. Luego, sale del estudio a la terraza y por unos escalones a la derecha baja directamente al dormitorio. También aquí hay libros. En las dos mesillas de noche. En la del lado derecho de la cama, el lado de Fuentes, todo sigue también intacto desde hace ocho años. La lámpara y los cinco libros: Un ensayo de Orson Wells, otro sobre Faulkner, una antología de poemas de León Felipe, otra de poesía Latinoamericana y una novela policíaca. “La novela negra —explica Lemus— le ayudaba a dormir”.


jueves, 16 de abril de 2020

Fallece Luis Sepúlveda escritor chileno


La pandemia del COVID19, por la cual estamos atravesando a nivel global,  se está llevando  a toda una generación de "adultos mayores" -perogrullada para viejo-  entre las cuales se encuentran varios cantantes, pintores, músicos y escritores. Los diarios españoles informaron hoy del fallecimiento por COVID19 del escritor chileno Luis Sepúlveda (1949), autor de la novela "Un viejo que escribia novelas de amor"; dice la nota:
Fue a principios de los noventa en la Feria de Fráncfort que cada otoño reúne al mundo de la edición. Beatriz de Moura le comentó a un periodista cultural chileno afincado en Alemania, que cada año se detenía charlar en el puesto de la editorial Tusquets, que le habían recomendado una novela de un escritor chileno también que estaba triunfando en Francia. ¿Quizá le sonaba? El libro era de un tal Luis Sepúlveda. El periodista rió y le dijo que era él. Aquel fue uno de los muchos principios que tuvo el novelista Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) fallecido este jueves en el Hospital Universitario Central de Asturias, después de luchar durante varias semanas contra la covid 19, que le fue diagnosticada a finales de febrero a su regreso de un festival literario, Correntes d’Escritas, celebrado en Póvoa de Varzim, en las inmediaciones de Lisboa. La noticia de su muerte fue lamentada por la comunidad literaria en Italia, Francia, Alemania y España. “Nos ha entristecido profundamente”, explicaba al teléfono el editor de Tusquets, Juan Cerezo. “Luis era un escritor muy querido. Activo en la comunidad literaria en la Semana Negra de Gijón, en las jornadas de literatura iberoamericana que se organizaban cada año en Asturias. Es terrible constatar que este virus mata”. Aunque había comenzado a sacar poemas y relatos en su juventud, Sepúlveda se convirtió en un fenómeno editorial internacional —con miles de lectores en Italia, Francia y Alemania, y traducido a más de 20 idiomas— con Un viejo que leía novelas de amor, aquel libro que llegó a manos de Beatriz de Moura en Frankfurt y que publicó en 1993. La editora francesa Anne Marie Métailié fue quien lanzó la novela en un momento en el que, como recuerda el editor de Gallimard y profesor Gustavo Guerrero, se produjo una interesante apertura: “Sepúlveda tuvo éxito en Francia antes de publicar en español. Aquello respondía a una internacionalización, una globalización del mundo editorial, algo que también pasó con Zoe Valdés. El exilio de izquierdas latinoamericano tenía una larga tradición en Francia, la figura de Sepúlveda de alguna manera dio un nuevo rostro a esa literatura engageé o comprometida”. Antes de sensación literaria latinoamericana, en sus muchas vidas anteriores, Sepúlveda había sido desde pinche de cocina hasta activista ecologista. Su biografía era digna, sin duda, de varias novelas. Hijo de un militante del partido comunista chileno y una enfermera de origen mapuche, se formó en producción teatral en la Universidad de Chile. El compromiso político Sepúlveda lo llevaba inscrito en el ADN. Siempre dijo que había nacido “profundamente rojo”. Se unió al partido comunista cuando era estudiante. Durante el Gobierno de Salvador Allende ayudó en la publicación de una colección de clásicos de bolsillo para que llegaran al gran público. Detenido tras el golpe de Pinochet, estuvo preso dos años y medio y logró salir gracias a las gestiones de la rama alemana de Amnistía Internacional. En Alemania acabaría residiendo años después, aunque antes pasaría un año en la clandestinidad organizando un grupo de teatro de resistencia, se exilió en Uruguay, Brasil, Paraguay, y en Ecuador donde viviría con la comunidad de indígenas shuar. En 1979 se unió a las brigadas internacionales de apoyo a la guerrilla en Nicaragua y, tras la victoria, se trasladó a Alemania. Allí arrancó su carrera como periodista, y en los ochenta prendió de nuevo su activismo volcado esta vez al plano ecologista y en la lucha por la conservación del medioambiente, uniéndose a la tripulación de un barco de Greenpeace. Sepúlveda fue un gran viajero. Sus libros de aventuras entroncaban de alguna forma con la tradición decimonónica de Verne o Conrad, postulando un cierto “neoexotismo”, como lo define el editor Gustavo Guerrero. Aquello conectó con el gran público en Francia y el fenómeno se volvió contagioso. Después firmó más de una veintena de novelas, libros de viaje, guiones y ensayos. Su último libro, Historia de una ballena blanca, salió el año pasado. También han sido adaptadas al cine algunas de sus obras, como Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, por el italiano Enzo D’Alò y en versión animada, o Un viejo que leía novelas de amor, dirigida por el australiano Rolf de Herr. Fue condecorado como Caballero de Las Artes y las Letras de la República Francesa y doctor honoris causa por la Universidad de Urbino, Italia. El novelista se instaló en Gijón en 1997 tras reemprender su relación con Carmen Yáñez, su pareja en los setenta en Chile, y madre de su hijo Carlos Lenin. En Alemania mantuvo una relación con Margarita Seven y tuvo tres hijos. Compartió generación, nacionalidad chilena, el exilio en España, y un gran éxito internacional con Roberto Bolaño, un autor cuya literatura poco tenía que ver con la de Luis Sepúlveda. “Pero los dos son huérfanos de la aventura de la izquierda latinoamericana”, apunta Guerrero. “Forman parte de esa generación que sacrificó su vida por unos ideales de izquierda y que se queda flotando en los años noventa. Bolaño contó parte de esa historia, y hay algo de Los detectives salvajes en la biografía del propio Sepúlveda”. En un encuentro con lectores de EL PAÍS, el autor de Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar planteaba así su credo: “La buena novela a lo largo de la historia ha sido la historia de los perdedores, porque a los ganadores les escribieron su propia historia. Nos toca a los escritores ser la voz de los olvidados”.

jueves, 20 de febrero de 2020

Magela Baudoin, finalista del Premio Ribera del Duero





La escritora boliviana Magela Baudoin (Caracas, 1973) se encuentra como finalista del VI Premio Ribera del Duero con su obra "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos". Dice la nota de El País:

Los escritores Magela Baudoin (Caracas, 46 años), Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 47 años), Marcelo Luján (Buenos Aires, 46 años), Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 49 años) y Mónica Ojeda (Guayaquil, 31 años) son los cinco finalistas de la sexta edición del Premios Ribera del Duero, que está dotado con 50.000 euros. Las obras que compiten por el premio son Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de Baudoin; Ni aquí ni en ningún otro lugar, de Esteban Erlés; La claridad, de Luján; Algunas hipótesis en torno al fin del mundo, de Menéndez Simón; y El mundo de arriba y el mundo de abajo, de Ojeda. Los textos fueron elegidos de un total de 1.079 que fueron postulados por escritores de 30 países. Cerca del 50% de las obras postuladas fueron escritas por autores que residen en España. Sin embargo, ha habido una mayor presencia internacional. Argentina, México, Colombia y Venezuela son los países que más han respondido a la convocatoria, que reunió también a escritores de países donde no se habla español, como Polonia, Bélgica, Suecia, Brasil o Canadá. El ganador del premio, que otorgan el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero y la editorial Páginas de Espuma, será anunciado el próximo 24 de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Entre los autores que han sido distinguidos con el galardón se encuentran la argentina Samanta Schweblin y los mexicanos Antonio Ortuño y Guadalupe Nettel.

martes, 25 de junio de 2019

Reseña sobre la Biblioteca Boliviana del Bicentenario


En el períodico El País (España) se ha publicado un artículo de Andrés Rodriguez que reseña el trabajo que se está realizando por parte del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) dependiente de la Vicepresidencia del Estado; trabajo por el cual se pretende recuperar obras literarias de diversos campos académicos. Solo un error; no es una biblioteca quien realiza la recuperación. Dice la nota:

 

Las distintas voces de la historia, relatos olvidados que ven sus páginas desempolvarse y estudios sociales que son primicia en castellano, entre otros tesoros literarios, son algunos de los libros que permanecieron ocultos y hoy han sido recuperados en el catálogo de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB). El proyecto editorial, impulsado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, se ha dado a la tarea de reeditar obras que no pasaron de su primera edición, que quedaron agotados hace años o que nunca fueron traducidas al español. La iniciativa seleccionó 200 títulos que van desde historia, artes, estudios antropológicos y sociológicos considerados “fundamentales” para entender los procesos históricos de esa nación sudamericana y, en algunos casos, de América Latina. Según Eduardo Paz, director general del CIS, una de las obras que destaca de la colección y le sorprende que no haya existido antes una edición boliviana es Si me permiten hablar… Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, de la escritora brasileña Moema Viezzer y publicada hace más de 40 años por la editorial mexicana Siglo XXI. Setenta ediciones después y 15 traducciones a distintos idiomas, la historia de la activista por los derechos humanos y sociales Domitila Barrios de Chungara, reconocida por su lucha pacífica contra las dictaduras de René Barrientos Ortuño y Hugo Banzer Suárez, es publicada por la BBB. “Debe ser el libro que trata sobre Bolivia que más se conoce en el mundo”, explica Paz a EL PAÍS vía telefónica. Alba María Paz Soldán, Doctora en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Pittsburgh, en EE UU, resalta que la colección de la BBB le da voz a etnias indígenas, con publicaciones como Vocabulario de la lengua aymara –de Ludovico Bertonio–, o el Diccionario etimológico y etnográfico de la lengua guaraní hablada en Bolivia –de Elio Ortiz y Elías Caurey–. Además valora que esta seria literaria rescate la obra de escritoras como Adela Zamudio e Hilda Mundy, dos pioneras de las letras y el movimiento feminista literario de este país sudamericano. “Es fundamental que se recupere una parte de la literatura femenina, porque ambas son autoras destacadas y adelantadas a su tiempo. A través de distintas obras se está recuperando los aportes de varios sectores un poco olvidados por la cultura oficial o por falta de circulación”, dice la catedrática. Christian Reynoso, escritor peruano y Magíster en Literatura Hispanoamericana, opina que la BBB es una iniciativa “digna de admirar” y lamenta que en Perú no haya este tipo de proyectos a esa escala ni desde las instancias del Gobierno ni desde la empresa privada. “En términos amplios, me parece que la recuperación y reedición de libros y autores a través de este tipo de proyectos y bibliotecas permiten completar la historiografía de un país en sus más diversas ramas de artes, ciencias sociales, historia, política, etcétera”, explica el también periodista oriundo de Puno.
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miércoles, 19 de junio de 2019

No mas Bryce Echenique

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939) autor de la maravillosa Un mundo para Julius, ha decidido retirarse del mundo litarario pero antes ha hecho entrega al Instituto Cervantes de varios ejemplares de su obra, concretamente una caja con nueve ejemplares de su obra, caja que por decisión del escritor se abrirá en cien años, específicamente el 2119. Dice la nota de El País:

La taquilla número 1.216 de la Caja de las Letras, en el Instituto Cervantes, ya contiene el legado que entregó ayer en mano el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, de 80 años. En el interior de la caja dejó nueve ejemplares, en ediciones en español, ruso, japonés, francés o italiano, de algunas de sus obras, como Un mundo para Julius, la primera y más celebrada, de 1970, y la última, la tercera entrega de sus Permiso para retirarme. Antimemorias, publicada en abril de este año. Un libro que, como prometió ayer el limeño, será el último: “El título es una declaración de principios. No tengo pensado otro proyecto”. Instantes después introdujo esos volúmenes en la caja que tiene su nombre y en la que algún día hubo dinero (la sede del Cervantes fue la del Banco Central). Hoy contiene libros.Bryce, de traje gris oscuro y corbata roja, ha decidido que su caja se abra dentro de un siglo, el 18 de junio de 2119, fecha en la que, como añadió el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, “se podrá saber las dedicatorias a sus amigos que hay en estos libros”. Algunos de ellos estaban a su alrededor, por lo que el autor, “muy agradecido”, les dijo que estos “habían estado a la superaltura”. Preguntado por el caso de sus plagios de artículos de prensa, por el que fue condenado a una multa de 42.000 euros en Perú, en 2009, aseguró que recurrió y que la Fiscalía de Perú le absolvió “completamente”. El homenaje al limeño continuó con una mesa redonda en la que participaron, además de García Montero, la escritora Almudena Grandes, el cantautor Joaquín Sabina (que desde hace años lo considera su “hermano”), el editor Jesús García Sánchez, el escritor José Esteban y el consejero cultural de la Embajada del Perú, Alonso Ruiz Rosas, moderados por la profesora Ana Pellicer. Una reunión con conocidos porque, como dijo Bryce, “la patria son unos cuantos amigos y unos cuantos paisajes inolvidables”. El escritor fue acogido con aplausos por el público que llenaba el salón de actos y que, desde una hora antes de que empezara el acto, hacía cola en la calle para escucharlo. Todos los participantes confiaron en que reconsidere su decisión de no escribir más. Grandes afirmó que a Bryce “es uno de los escritores a los que más homenajes haría”. “Y de los que más me ha influido. Un mundo para Julius construyó un mundo para mí”, añadió la autora, colaboradora de EL PAÍS.

martes, 23 de abril de 2019

Poetisa uruguaya Ida Vitale Premio Cervantes


El Premio Cervantes de Literatura, considerado el Nobel de las letras castellanas, se entrega cada 23 de abril en conmemoración a la fecha de muerte de Miguel de Cervantes; este año el Premio ha recaído en favor de la vate uruguaya Ida Vitale por ser su lenguaje uno de los más reconocidos, como se señalo en El País; dice la nota:

Un final improvisado lo dijo todo. Ida Vitale (Montevideo, 1923) había finalizado su discurso. Acalló los aplausos con un gesto. “Querría hacerme perdonar la audacia de venir aquí, a este lugar, y meterme a hablar de Cervantes”. Solo después descendió las escaleras del púlpito laico del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde esta mañana ha recibido el Premio Cervantes 2018 de manos del rey Felipe VI. Había dicho lo que no estaba escrito y quería decir, una de esas “cosas absurdas y desacomodadas” que le salen del alma, como los besos que envió con la mano al público al recoger el premio y al Rey tras escuchar su discurso. Si una estadística tuviese sentimientos, se podría concluir que al Premio Cervantes le gustan tan poco las escritoras como los autores uruguayos. Con Ida Vitale mitigó una pizca ambas cojeras. Ayer se convirtió en la quinta mujer en recibir el galardón y el segundo autor uruguayo, tras Juan Carlos Onetti (1980), compañero de filiación poética de la propia Vitale: la Generación de 1945. Incluso en una ceremonia protocolaria, ensayada ya en más de 40 ocasiones desde que se concedió el premio por primera vez en 1976, afloró esa naturaleza híbrida de la poeta uruguaya, tan dotada para la erudición como para la espontaneidad. “Ahora seres benévolos y palpables movieron las piezas de un superior ajedrez, situándolas en posición favorable y acá estoy, agradecida, emocionada”, señaló ante un auditorio con más poetas que políticos, salvo algunas excepciones obligadas como la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y el ministro de Cultura, José Guirao. Confesó Vitale que, pese a su escepticismo, mantiene cierta confianza infantil en las coincidencias. Estos días, mientras el discurso rondaba por su cabeza, escuchó en dos ocasiones por casualidad Pompa y circunstancia, de Elgar, cuya pertinencia hoy habría quedado fuera de duda. También que al reordenar su biblioteca en Montevideo descubrió un apego a prueba de mudanzas y exilios por El Quijote, cuyas ediciones repetidas la acompañan aunque escasee el espacio. Un libro en el que ha depositado, como un pensamiento mágico, la capacidad “de precipitar hacia mí la buena voluntad del azar”.
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Sobre la autora

jueves, 21 de marzo de 2019

Aparece manuscrito de Cien años de soledad

Un manuscrito que se creía perdido de la obra cumbre de García Marquéz apareció en México, se trata del manuscrito que el autor regaló a Emmanuel Carballo crítico literario; dice la nota:
Quizá la mejor explicación sobre la prodigiosa imaginación de Gabriel García Márquez la hizo su padre: “tenía una capacidad para inventar más allá de la realidad que veía. Siempre he dicho que tenía dos cerebros. A mí nadie me quita la idea de que Gabito es bicéfalo”, decía don Gabriel Eligio García. Ese formidable talento fabulador lo volcó en sus obras, pero también le gustaba fantasear con las historias reales detrás de su literatura. García Márquez fabricó una leyenda sobre los pormenores de su legendaria obra Cien años de soledad. Jugaba al despiste, aseguraba que tuvo que mandar el original en dos partes a la editorial Sudamericana porque se quedó sin dinero en la oficina de correos y solía decir que no sabía dónde estaban los manuscritos. Uno de esos supuestos textos perdidos ha salido a la luz en México. En la colonia Roma, en el nuevo escaparate de la Fundación Slim, en una habitación y frente a una cama, en un librero virreinal, como sanctasanctórum, está el manuscrito de Cien años de soledad que Gabriel García Márquez le regaló a su amigo, el crítico mexicano Emmanuel Carballo (Guadalajara, 1929), con correcciones del propio autor colombiano. El mecanografiado está protegido por una caja roja en forma de libro en la que se destaca su lomo con dos franjas negras. En la primera, se lee el nombre del autor y de la obra que desató el boom de la literatura latinoamericana; en la segunda, reza la leyenda en mayúsculas: Copia mecanografiada de la novela obsequiada a su corrector el escritor mexicano Emmanuel Caballo. Más abajo dice con letras doradas: En México, 1965 - 1966. “García Márquez se refirió en varias ocasiones a esos manuscritos que había perdido de vista. Habla de su historia, lo que pasa es que él endulzó el relato, dice que no sabe si hay otras copias de las cuales él no tiene conciencia, lo que dudo, porque no se ajustan a la evidencia material y a la génesis del texto que yo he podido rastrear”, dice Álvaro Santana-Acuña, investigador de cabecera de la Fundación García Márquez y autor del libro Ascent to Glory: How 'One Hundred Years of Solitude' Became a Global Classic. La evidencia material, el registro que aparece en la edición conmemorativa de la obra la Real Academia Española, constata que existen cuatro manuscritos: “Pera Araiza (quien se encargó de pasar a limpio el texto escrito a mano) había mecanografiado el original con tres copias. Fue aquel el remitido a comienzos de agosto a la editorial Sudamericana en dos paquetes postales. Álvaro Mutis llevó poco después a Buenos Aires otra copia; la tercera, siempre según el testimonio de García Márquez, “circuló en México entre los amigos” que lo habían acompañado en las duras, mientras que la cuarta la mandó a Barranquilla “para que la leyeran tres protagonistas entrañables de la novela: Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y Álvaro Cepeda, cuya hija Patricia la guarda todavía como un tesoro”. Las otras, supuestamente, se han perdido”. El propio García Márquez endulzó más aún el relato: “Sin embargo, en alguna parte del mundo puede haber otras copias”, según explicó en un artículo de 2011 para EL PAÍS titulado La odisea literaria de un manuscrito.
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martes, 30 de mayo de 2017

Premio Formentor de las Letras para Alberto Manguel

El Premio Formentor de las Letras es un galardón que se concedió desde 1961, auspiciado por Seix Barral mas otras importantes editoriales. El primer ganador fue el argentino Jorge Luis Borges. El premio dejó de convocarse desde 1968 hasta 2010, siendo convocado para el 2011 y ganador el mexicano Carlos Fuentes.
El actual galardona es el escritor argentino-canadiense Alberto Manguel, quien tiene vastos libros escritos en lengua inglesa. Dice la nota:

“Es uno de esos lindos absurdos de la vida”. Así ha reaccionado este lunes Alberto Manguel a la concesión del Premio Internacional Formentor, dotado con 50.000 euros. La parte linda era el reconocimiento del jurado a su “minuciosa recreación del arte de leer”. La parte absurda, el hecho de verse en un palmarés que inauguraron en 1961 Jorge Luis Borges y Samuel Beckett y que el año pasado recayó en el italiano Roberto Calasso. “¡Pero si yo entrevisté a Calasso por su premio en la última feria del libro de Guadalajara, en México!”, insistía el recién galardonado. “Me pongo al final de una cola espléndida”. De esa cola forman parte Saul Bellow, Nathalie Sarraute y Witold Gombrowicz -laureados en la primera etapa del Formentor (1961-1967)- y a ella se sumaron, con el renacimiento del premio en 2011, autores como Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas o Ricardo Piglia. Al teléfono desde la Biblioteca Nacional de Argentina, que dirige desde junio del año pasado, el autor de Historia natural de la curiosidad subrayaba su agradecimiento y su intención de no resultar “arrogante” sin dejar de ser “consciente” de su papel como algo-más-que divulgador. “En francés hay una palabras perfecta para describirme: passeur. Me gusta ese rol del que pasa algo. Me gusta leer y comentar mis lecturas. Mis libros salen de otros libros, del esfuerzo por entender las ideas de otros, y la lista del Formentor está llena de pensadores y creadores originales”. LA ESTELA DE BORGES Alberto Manguel y Jorge Luis Borges tienen cada vez más cosas en común. Se conocieron en la librería bonaerense Pigmalion cuando el primero trabajaba allí y el segundo era un escritor ciego que buscaba quien le leyera en voz alta. Ese alguien fue, entre otros, Manguel, que contó aquellos días en Con Borges (Alianza). Décadas después, el hecho de que el autor de El aleph hubiera sido director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires fue uno de los argumentos que llevó a su antiguo lector a aceptar ese cargo. Desde ayer los dos forman parte del palmarés del Premio Formentor. Como Borges, también Alberto Manguel está más orgulloso de los libros que ha leído que de los que ha escrito. Nacido en Buenos Aires en 1948, Alberto Manguel vivió hasta los siete años en Israel, donde su padre ejercía de embajador. Allí aprendió alemán e inglés antes que castellano, lengua que perfeccionó de vuelta a su ciudad natal. Hoy escribe sus libros en inglés y reserva el español para los artículos, entre ellos los que publica regularmente en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS. Después de ejercer como editor en París, Londres, Milán y Tahití, Manguel se instaló en Toronto y adoptó la nacionalidad canadiense. Allí escribió el ensayo que lo consagró mundialmente: Una historia de la lectura (1996). Cuatro años después trasladaría su casa y su biblioteca –de más de 30.000 volúmenes- a las ruinas del antiguo presbiterio de Mondion, un pequeño pueblo cercano a Poitiers (Francia). “No los he leído todos, pero los he abierto todos”, decía. El que más ha abierto y leído es la Divina Comedia. Durante años llevó a cabo un rito particular: a las seis de la mañana abandonaba su dormitorio –plagado de novelas policíacas- y se dirigía a su estudio –tapizado de tomos sobre simbología, religiones e historia de los libros-; una vez allí leía un canto del poema de Dante y anotaba sus impresiones en una libreta. El autor de Guía de lugares imaginarios cuenta que para sentirse en casa no necesita más que un libro y una cama. Llevaba años haciendo honor a ese lema cuando, recién instalado en Nueva York, recibió la oferta del presidente argentino, Mauricio Macri, para dirigir la Biblioteca Nacional. Manguel terminó sus clases en Princeton y Columbia, abandonó la redacción de la biografía de Maimónides que tenía entre manos y se trasladó a Buenos Aires para ejercer un trabajo que, dice, le ocupa los siete días de la semana. “Estoy pagando mi deuda con el país que me dio la educación sobre la que basé mi carrera”, explica sin un ápice de arrepentimiento. Autor del ensayo La biblioteca de noche, Alberto Manguel recurre a un símil gastronómico para ilustrar su aterrizaje al frente de una institución con 900 empleados: “He pasado de escribir recetas de cocina a trabajar con las manos en la masa. Pero yo no soy bibliotecario. Yo dependo de los extraordinarios especialistas con los que trabajo”. El jurado del Premio Formentor destacó la importancia que Manguel concede a la difusión de la lectura entre las jóvenes generaciones en un momento en el que la industria del entretenimiento y las nuevas tecnologías “disipan la atención de los lectores”. Desde Buenos Aires, el flamante premiado ha remachado: “Hay obras que demandan cierto esfuerzo, sí, pero yo creo en la inteligencia básica del ser humano, una inteligencia ahora reprimida y distorsionada por cuestiones comerciales y políticas”.
Conoce al autor

sábado, 27 de mayo de 2017

Siete capítulos olvidados de "Cien años de soledad"

Uno de los capítulos aparecidos en El Espectador de Bogotá
 
En El País se publica un interesante artículo sobre siete capítulos de la obra cumbre de Gabriel García Márquez "Cien años de soledad"., Estos siete capítulos, olvidados, fueron publicados por el autor en diferentes revistas literarias de Colombia, México, Perú, Francia y Argentina. Publicaciones con las cuales el autor deseaba verificar el ánimo del público lector. En los capítulos se aprecian cambios entre estos y la edición final,  como los que narran el comienzo de la historia, el ascenso al cielo de Remedios la bella, la peste del insomnio y la lluvia en Macondo que duró cuatro años. Dice la nota:

Meses antes de terminar Cien años de soledad, Gabriel García Márquez arrastraba serias dudas sobre la calidad de una novela que acabaría convertida en un clásico de la literatura. “Cuando leí lo que llevaba escrito”, confesó por carta a un amigo, “tuve la desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que lo mismo podía ser afortunada que catastrófica”. Algo poco conocido es que García Márquez publicó siete capítulos de Cien años de soledadpara aplacar esas dudas. Y lo hizo cuando aún no había acabado la novela (la concluyó en agosto de 1966) ni había firmado el contrato con la Editorial Sudamericana, que rubricó el 10 de septiembre del mismo año. La novela salió el 30 de mayo de 1967. El próximo martes se cumplirán 50 años. Los siete capítulos se publicaron en periódicos y revistas que circulaban en más de 20 países. Representan más de un tercio de la novela, que en total tiene 20 capítulos. Ni siquiera hay copias de los mismos en el archivo personal de García Márquez en el Harry Ransom Center en Texas, que guarda su legado. Para encontrar su rastro hay que recorrer bibliotecas en Francia, Estados Unidos, Colombia y España. Los capítulos cayeron en el olvido porque se creía que eran idénticos a los publicados en la primera edición de 1967 de la novela. Pero la comparación de las versiones descubre una realidad diferente. Desde la primera página hay cambios en el lenguaje, la estructura, la ambientación y la descripción de los personajes. De ahí que estos capítulos olvidados sean de un gran valor literario para entender cómo fue escrita la novela. García Márquez afirmó haber quemado las notas y los manuscritos preparatorios tras recibir la primera copia del libro. Hasta 42 cambios El primer capítulo salió el 1 de mayo de 1966 en El Espectador de Bogotá, cuando aún le quedaban tres meses para finalizar la obra. Entre esa versión y la edición final de 1967 hay hasta 42 cambios significativos que aparecen desde la primera página. Las casas de Macondo, por ejemplo, no eran “de barro y cañabrava” como en la edición final, sino simplemente de “adobe”. El escritor buscaba un lenguaje más preciso. También hay modificaciones importantes en la estructura general de la novela. Por ejemplo, en la edición de 1967, la acción destructora de las termitas que anuncia el declive de la casa de la familia Buendía se describe hacia el final de la novela. Pero en la versión de El Espectador, “el comején socavaba los cimientos de la casa” desde el primer capítulo. Referencias tan iniciales a las termitas restaban dramatismo a la futura decadencia de la casa. En la edición definitiva, Macondo es un pueblo aislado de la civilización, cuyo emplazamiento exacto se desconoce. Por el contrario, en el capítulo de El Espectador, Macondo se localiza con facilidad, pues limitaba “al occidente con los médanos del río de La Magdalena” de Colombia. García Márquez suprimió este y otros detalles sobre la ubicación concreta de la población para crear en el lector la impresión de que podía ser un pueblo típico de cualquier país latinoamericano. El llanto de Aureliano Otro cambio sorprendente tiene que ver con el nacimiento del coronel Aureliano Buendía. En la edición final, el coronel “había llorado en el vientre de su madre y nació con los ojos abiertos”, mientras que en el capítulo de El Espectador, el héroe recibía un trato poco heroico y hasta prosaico: la comadrona le daba “tres nalgadas enérgicas” para hacerle llorar. El siguiente capítulo que García Márquez probó con los lectores salió en la revista Mundo nuevo en agosto de 1966. Publicada en París, esa revista se convirtió en el principal escaparate de la literatura del boom latinoamericano. Sus 6.000 ejemplares mensuales se vendían en 22 países, incluidos Estados Unidos, Holanda, España, Portugal y casi toda América Latina. En este capítulo localicé hasta 51 diferencias con respecto a la edición final. Por ejemplo, José Arcadio, cuya madre Úrsula temía que naciese con una cola de cerdo, vino al mundo como “un hijo saludable”, mientras que en la edición final, el autor aumentó el dramatismo al escribir: “Dio a luz un hijo con todas sus partes humanas”.

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lunes, 8 de mayo de 2017

Liliana Colanzi en el Bogotá 39


El Hay Festival ha presentado a los escritores latinoamericanos con menos de 40 años que representan la renovación de la vena literaria en América Latina, entre ellos se encuentra la boliviana Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra), dice la nota:
Tienen menos de 40 años y representan a 15 países de América Latina. Pero su trabajo trasciende la geografía y aspira a coincidir, sin más, con la buena literatura. Sin fronteras. El Hay Festival anunció ayer la lista de los 39 mejores autores de ficción de la región bautizada como Bogotá 39. Son, entre otros, el cubano Carlos Manuel Álvarez; el ecuatoriano Mauro Javier Cárdenas, los colombianos Felipe Restrepo Pombo, director de la revista Gatopardo, Giuseppe Caputo o Juan Cárdenas; el chileno Gonzalo Eltesch; los peruanos María José Caro, Claudia Ulloa Donoso y Juan Manuel Robles; los argentinos Mauro Libertella o Samanta Schweblin; los mexicanos Valeria Luiselli o Daniel Saldaña París. Son algunos de los nombres de esta suerte de canon literario, presentado en la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), cuya primera selección fue difundida hace diez años en la misma ciudad y proyectó a escritores como Daniel Alarcón, Guadalupe Nettel o Juan Gabriel Vásquez, "ayudándoles a darse a conocer fuera de sus países e incluso del mundo hispano".
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miércoles, 8 de marzo de 2017

Piglia, y su plan de edición póstumo

El pasado 6 de enero murió el escritor Ricardo Piglia, dejando al mundo literario una decena de trabajos culminados y listos para su edición de acuerdo a un calendario de publicación elaborado por el propio escritor. Dice la nota: 


Ricardo Piglia lo dejó todo bien atado antes de morir el pasado 6 de enero, a los 76 años. El escritor argentino, considerado uno de los maestros de la literatura latinoamericana posterior al boom, trabajó incansablemente en sus últimos años para concluir una decena de trabajos literarios que verán la luz "a lo largo de los próximos años" conforme al calendario que él mismo elaboró, según ha anunciado este martes su agencia literaria, Schavelzon Graham. Lo hizo a pesar de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que se le diagnosticó en 2014. "Siempre fue muy minucioso, y la enfermedad hizo que se dedicara solamente a terminar sus libros", asegura a EL PAÍS Guillermo Schavelzon, el agente del autor.  un clásico contemporáneo de la literatura en español Adiós Piglia trabajó a un ritmo de doce horas diarias, los siete días de la semana, y con "la colaboración de un equipo de cinco asistentes encabezado por Luisa Fernández, pese a las dificultades prácticas de su enfermedad, que afectaba a la velocidad, pero no a la calidad y lucidez de su comunicación", según reza el comunicado difundido. "Primero dictaba y luego escribía el texto con un software visual, un ordenador en el que se escribe con la mirada", explica Schavelzon, que recalca que el papel de la viuda del literato, Beba Eguía, fue "determinante" para conseguir estos recursos y que las obras fueran concluidas. El legado póstumo del crítico, editor, guionista, profesor de literatura y, sobre todo, narrador latinoamericano (Adrogué, 1941 - Buenos Aires, 2017) consta de seis obras concluidas que serán publicadas "en los próximos años", según la agencia literaria, y conforme a un calendario de publicación que planificó el propio Piglia con arreglo a su máxima: "Escribir mucho, publicar poco". Destaca la tercera parte de Los diarios de Emilio Renzi (Editorial Anagrama), que verá la luz en Argentina, México y España en septiembre de 2017. Protagonizado por un alter ego periodista y aspirante a escritor, el argentino comenzó este proyecto vital en una serie de cuadernos a los 16 años, en 1957. Nadie los leyó hasta que decidió publicar los dos primeros volúmenes en 2015 y 2016. "Este tomo del diario trae una novela autónoma, Un día en la vida, que se refiere al 16 de junio, el día en que transcurre el Ulises de James Joyce", revela Schavelzon. También se publicará de forma independiente "en dos o tres años", tal como quería Piglia. Por un relato futuro, un libro que recoge una serie de conversaciones con su compatriota y también escritor Juan José Saer, será asimismo publicado este año, ha anunciado Schavelzon Graham. La agencia literaria no ha desvelado las fechas de salida del libro de cuentos Los casos del comisario Croce —con ocho de ellos inéditos—. Tampoco de un volumen que recoge las lecciones de Piglia en la televisión pública argentina, ni de una edición definitiva de sus cuentos completos. Las siguientes obras, además, aún están pendientes de su revisión y no serán publicadas de momento: Teoría de la prosa, China, 1973. Fragmentos de un diario, La Argentina en pedazos y otros prólogos y Ensayos Completos. "Las decisiones respecto a la publicación las toma su mujer y heredera, que también es su primera lectora. No se va a publicar nada que [Piglia] no haya dejado revisado en un 90%". El autor de novelas como La respiración artificial (1980) también donó antes de morir su archivo digital y en papel a la Firestone Library de la Universidad de Princeton, de la que era profesor emérito. Decenas de fotografías, notas y documentos inéditos, organizados por temas y títulos, que han quedado ahora a disposición de los investigadores del centro.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Se recuerdan 100 años del nacimiento de Roald Dahl


Se cumplen cien años del nacimiento del padre de Matilda, de Charlie y su fábrica de chocolates, entre otros célebres personajes: sí, se recuerdan cien años de Roald Dahl, dice la nota de El País:

Un chico pobre recibe de su abuelo una tableta de chocolate por su cumpleaños, y en la otra punta del mismo universo un niño escapa de la muerte de sus padres a través de un melocotón. Todos sabemos que se llaman Charlie y James, igual que sabemos que la joven con poderes telequinéticos se llama Matilda. Dentro del cuerpo de Roald Dahl (Cardiff, 1916- Oxford, 1990) palpitaba un tizón incombustible, un ascua que le llevó a obviar la universidad y hacerse explorador a los 18 años, a alistarse en la Royal Air Force inglesa a los 23, a enamorarse de lo primero que vio tras ocho semanas de ceguera después de sufrir un accidente de aviación: su enfermera. También habitaba una fragua, de la que salieron personajes inolvidables que poblaron y pueblan millones de infancias. El próximo 13 de septiembre se cumple un siglo del nacimiento de un hombre al que le gustaba trastear, y que nos ayudó a todos con sus libros a jugar un poco mejor. Fue el escritor británico Cecil Scott Forester el que le incitó a escribir su primer relato, Pan comido, como consecuencia de sus experiencias en la guerra. Un relato maduro que inauguró una escritura que iría derivando hacia la literatura juvenil: Matilda, Charlie, Danny el campeón del mundo... todos protagonizan lecturas primerizas sobre chavales indómitos y curiosos que se rebelan contra el orden kafkiano de los adultos. “Sus personajes son una metáfora que desactiva el mundo de los mayores, exponiendo sus contradicciones”, explica Gonzalo Puerta, experto en literatura infantil, que ve en los protagonistas de Dahl una pieza fundamental para conectar con los lectores más jóvenes. Pero aunque a la posteridad ha pasado como un escritor juvenil, no es esa la única parte de su obra que podemos rescatar en su centenario.
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Más información en: www.roalddahl.com (inglés)

domingo, 3 de abril de 2016

Cinco autores latinoamericanos aspiran al premio Vargas Llosa

                                              El mexicano Héctor Aguilar Camín uno de los finalistas

En su segunda edición el Premio Vargas Llosa será entregado en Lima (Perú), dice la nota:
La forma de las ruinas, del colombiano Juan Gabriel Vásquez (Alfaguara); Adiós a los padres, del mexicano Héctor Aguilar Camín (Penguin Random House); La distancia que nos separa, del peruano Renato Cisneros (Planeta); Si te vieras con mis ojos, del chileno Carlos Franz (Alfaguara), y La mucama de Omicunlé, de la dominicana Rita Indiana (Periférica) son las cinco obras finalistas del II Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. El galardón está dotado con 100.000 dólares (unos 88.000 euros), lo que lo convierte en uno de los mejor remunerados de la literatura en español. Su ganador se anunciará el 21 de abril en el Gran Teatro Nacional del Perú, en Lima. El premio se entregó por primera vez en 2014 al escritor español Juan Bonilla por Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral). El reconocimiento aspira a convertirse en uno de los galardones clave de las letras en español. Más de 250 obras de 16 países se presentaron para la segunda edición del premio: una primera criba dejó la competición entre 11 preseleccionados, de los que ahora han salido los cinco finalistas. El jurado está compuesto por el director de la Real Academia Española y director del Consejo científico de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Darío Villanueva (como presidente); el escritor, periodista y profesor universitario peruano Alonso Cueto; el editor, ensayista, narrador y crítico literario mexicano Gonzalo Celorio; la hispanista, ensayista y pedagoga sueca Inger Enkvist y el ensayista y profesor universitario ecuatoriano Will H. Corral. La entrega del premio coincidirá con el cierre de la II Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, tres días de conferencias en Lima (del 18 al 21 de abril) con la presencia de autores como Samanta Schwebli, Carlos Franz, Camilo Hoyos, Juan Gabriel Vásquez, Antonio José Ponte, José Esteban, Claudio López Lamadrid, Marta Rivera de la Cruz, Mónica Lavín, Fernando Ampuero, Mariana de Althaus, Jeremías Gamboa, Miguel Gutiérrez o Carmen Posadas, además del fotógrafo Daniel Mordzinski. Y el Nobel de Literatura peruano acaba de celebrar en Madrid y durante tres días su 80º cumpleaños. La cita está organizada por la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), la Cátedra Vargas Llosa, Acción Cultural Española (AC/E), el Ministerio de Cultura del Perú y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España.

jueves, 15 de octubre de 2015

Española Alicia Giménez Bartlett gana el Premio Planeta de Novela 2015


Las malas lenguas dicen que el Premio Planeta se encuentra amañado con finalidades - obviamente - mercantilistas. El día de hoy se dio a conocer al ganador de este año recayendo el premio de 601.000 euros en las manos de la escritora Alicia Giménez Bartlett. Dice la nota de El País:
Hace tiempo que los estrategas del Premio Planeta tienen el perfil del ticket ganador susceptible de atraer a más lectores: un escritor más o menos reconocido en lo literario y un finalista vinculado al mundo audiovisual o de reconocimiento más mediático; que la temática de alguna de las obras sea susceptible de generar cierta controversia social y, sinergias mandan, que ya estén, a poder ser, en la casa. Casi todos esos requisitos se cumplieron anoche en el palmarés de la 64ª edición del premio de novel. Alicia Giménez Bartlett, reconocida por su serie de la inspectora Petra Delicado, pero con notable vida literaria fuera del género negro, obtuvo los 601.000 euros del galardón por Hombres desnudos, historia de la relación fatal de una pareja surgida en el entorno de la prostitución masculina. El finalista es el cineasta Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro, Primos) con La isla de Alice, donde una mujer intenta reconstruir la misteriosa muerte de su esposo, narración que le reporta 150.250 euros. El éxito de su inspectora Delicado (10 títulos en el Grupo Planeta, serie de televisión en 1999, cinco de la decena de premios que hasta la fecha tenía la autora…) hace olvidar a menudo que Giménez Bartlett entró en el género tras leer a Patricia Cornwell, pero también para desconectar de la tensión que le produjo escribir Una habitación ajena (1997), segunda novela tras Exit, que publicó en 1984 en un sello hoy de Planeta, Seix Barral. Aquella obra, premio Femenino de Lumen, reflejaba las tensiones entre Virginia Woolf y su sirvienta Nelly. “Me gusta que mis lectores tengan la sensación de que mis personajes son gente que han conocido y que sus problemas son susceptibles de que ellos se los planteen también; en el fondo, busco pasión”, ha asegurado la escritora. Vuelve a intentarlo en Hombres desnudos: Javier, profesor de literatura en paro, e Irene, empresaria a la que acaba de abandonar su marido, se ven obligados a cambiar drásticamente sus vidas. Se cruzarán en el entorno de la prostitución masculina, intersección que será un calvario. más información "Me llevo muy bien con todo lo que no me habla"Petra Delicado conquista RomaAlicia Giménez Bartlett gana el Premio Pepe Carvalho“¡Me da ‘yuyu’ pensar que cuando empecé con Petra aún había pesetas!”La destreza en los diálogos y en el monólogo interior para reflejar el tortuoso mundo de esos personajes fueron algunos elogios que se llevó la obra del jurado. La ganadora suma en su bibliografía nueve novelas fuera del género negro y dos ensayos sobre la mujer y su relación con los hombres; en 2011, obtuvo el otro gran premio del grupo Planeta, el Nadal, por Donde nadie te encuentre. Solo este último año ha cosechado también ya el Pepe Carvalho que otorga BCNegra y, hace una semana, el José Luis Sampedro a su trayectoria en Getafe Negro.
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Página de la autora

lunes, 7 de septiembre de 2015

24 años detrás de Gabo

Gabo y Fidel

El título de la presente entrada del blog podría referirse a un documental sobre García Marquéz, podría ser sobre una etrevista, pero no; se refiere a la investigación montada por la Federal Bureau of Investigación (F.B.I.) o la policia personal de Hoover. 24 años investigando al Nobel colombiano por su amistad con el líder cubano Fidel Castro. Dice la nota de El País:
El FBI mantuvo bajo una discreta vigilancia al escritor Gabriel García Márquez durante más de dos décadas por órdenes directas de su más mítico director, Edgar J. Hoover. Así lo revelan los documentos desclasificados a petición del diario The Washington Post y que muestran que la agencia estadounidense siguió los pasos del premio Nobel de Literatura desde el momento en que se instaló en Nueva York para trabajar para la agencia de prensa cubana Prensa Latina, en 1961. El propio Hoover parece haber firmado la orden, que data del 8 de febrero de 1961, de que “en el caso de que (García Márquez) entre en EE UU por cualquier motivo, el FBI debe ser avisado de inmediato”. Así se hizo cuando Gabo se instaló en el hotel Webster de Manhattan junto con su mujer, Mercedes Barcha, y su primogénito, Rodrigo, ese mismo año. Entre los primeros reportes registrados sobre las actividades de García Márquez en Nueva York hay detalles como que pagó 200 dólares para costearse un mes de estancia en el hotel neoyorquino. Los datos apuntan a que en esos primeros meses en EE UU el FBI contactó al menos a nueve “informantes confidenciales” que le mantenían al tanto sobre las idas y venidas del periodista y escritor colombiano. La vigilancia se mantendría durante 24 años, pese a que para entonces García Márquez ya era un renombrado autor que se codeaba con las más altas autoridades mundiales, incluidos presidentes como el estadounidense Bill Clinton, señala el Post. El diario ha obtenido 137 páginas desclasificadas del expediente -hasta ahora desconocido- que la agencia federal mantuvo sobre el premio Nobel de Literatura. El FBI ha mantenido clasificadas otras 133 páginas del dossier, por lo que el Post reconoce que no ha podido descubrir qué fue lo que provocó el interés de la agencia sobre el escritor colombiano que en aquel entonces todavía no había alcanzado la fama mundial que le darían sus novelas más famosas, como Cien años de Soledad (1967) o la más tardía El amor en los tiempos del cólera. Pero para su hijo Rodrigo García, aunque la noticia de la vigilancia sobre su padre supuso una novedad, no constituye sin embargo sorpresa alguna. “Teniendo en cuenta que este colombiano estaba en Nueva York para abrir una agencia de prensa cubana, lo inusual habría sido que no espiaran”, dijo el productor residente en Los Angeles al diario capitalino. La ironía, agregó García, es que a su padre lo echaron de Prensa Latina unos meses más tarde porque no lo consideraban lo suficientemente radical. “Mi padre no era un comunista de carné. De hecho, había publicado algunos artículos sobre sus viajes a países socialistas y sus análisis eran mixtos. Así que no se lo consideraba un verdadero comunista, y perdió ese trabajo”. No obstante, la afiliación de Gabo a la Cuba de Fidel Castro fue constante a lo largo de su vida, hasta el punto de que el escritor sirvió en varias ocasiones como intermediario entre Washington y La Habana, según se reveló en el libro Back Channel to Cuba publicado unos meses después de la muerte del escritor, el 17 de abril de 2014. Aunque no hay constancia de que el FBI llegara a abrir una investigación criminal contra Gabo, con la revelación de que fue vigilado por la agencia, el escritor latinoamericano pasa a formar parte de la selecta lista de autores bajo la mira de Hoover, entre los que se incluyen el también Nobel y enamorado de Cuba Ernest Hemingway, John Steinbeck o Norman Mailer.

martes, 25 de agosto de 2015

60 años de Pedro Páramo


¿Quién logró comprender a Pedro Páramo? ¿Qué nos trajo Rulfo con esta novela? ¿Encontramos a Colima?. Interrogantes que nos deja la novela de Juan Rulfo a+un vigente a sesenta años de su publicación. Dice la nota:
En 1974, en una entrevista en Caracas ante un auditorio lleno de estudiantes, Juan Rulfo dijo: “A Pedro Páramo yo le quité muchas páginas, como unas 100 páginas, pero después ni yo mismo lo entendí”. Este año se cumplen seis décadas de la publicación de su obra maestra y el enigma sobre el que bromeaba el genio mexicano, fallecido en 1986, sigue vigente. En Pedro Páramo, 60 años, editado por RM y la Fundación Juan Rulfo, 18 académicos ensayan nuevas perspectivas de análisis sobre un libro tan sucinto como inagotable. Se ha ligado la complejidad de Rulfo a su infancia (huérfano a los diez, enviado por sus abuelos a un internado) o directamente “a un don”, “a un puro milagro”. Pero él dejó dicho, según cita uno de los estudiosos, que lo decisivo en su formación fue tener acceso a la biblioteca del cura de su pueblo, Ireneo Monroy, quien se llevaba libros de las casas con la excusa de ver si estaban permitidos, “pero lo que hacía en realidad era quedarse con ellos”. “Las novelas de Alejandro Dumas, las de Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, Sitting Bull”. La erudición es una de las explicaciones de la profundidad de Rulfo. En los años cuarenta estudió tanto a Rainer Maria Rilke que transcribió de puño y letra partes de sus Elegías de Duino. En el libro se apunta una especial relación con Melodía del amor y muerte del corneta Cristóbal Rilke, cuyo “Cabalgar, cabalgar, cabalgar. Durante el día, durante la noche, durante el día”, recuerda en Pedro Páramo a “Los caños borbotaban, hacían espuma, cansados de trabajar durante el día, durante la noche, durante el día”. Detrás de su novela también hay mucho conocimiento de geografía e historia de México. “La toponimia antigua le apasionaba”, escribe Víctor Jiménez, director de la Fundación. Un ensayo relaciona Pedro Páramo con la Teoría estética de Theodor W. Adorno, otro con el poeta romántico Jean Paul Richter. Otro detalla que ha encontrado en el libro “145 frases lapidarias” y las divide en “máximas, vaticinios, juicios y sentencias”. Una investigadora de la Universidad de Tokio establece una conexión con el teatro japonés noh. Un académico de Utah cuenta la historia de John Gavin, un galán de Hollywood que intepretó al cacique Pedro Páramo en la primera adaptación cinematográfica del libro, fracasó y años después fue nombrado embajador en México por Ronald Reagan.
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miércoles, 13 de mayo de 2015

Murakami cierra su consultorio


Así es, y no es que al escritor japónes se le hubiese ocurrido dedicarse a la medicina, a terapia familiar o algo sumilar; si no que hace mas de tres meses se le ocurrió abrir un consultorio virtual para dar consejos. Pues como todo tiene un principio y un fin, llegó la hora de terminar el experimento cerrando el consultorio, pero (siempre el pero) publicará un libro con todas las consultas. ¿Marketing?. Dice la nota:
Para poner punto y final al consultorio online en el que ha trabajado más de tres meses, el escritor japonés Haruki Murakami ha anunciado que publicará un libro con una selección del contenido del portal digital. La obra, titulada igual que el consultorio, «Murakami san no tokoro» (El espacio del señor Murakami), contendrá entre 400 y 500 de los cerca de 37.500 mensajes que el autor recibió tras la apertura de la plataforma a mediados de enero. El libro saldrá a la venta a finales de julio en Japón, según anunció Murakami en su mensaje de despedida. Además de una edición rústica, el autor de «Tokio blues» lanzará un libro digital que incluirá más de 3.500 mensajes del consultorio. «Es el primer libro digital para mí y por ello se trata de una versión especial», dijo el escritor, de 66 años, quien decidió crear la edición motivado por el elevado número de comentarios. Tras tres meses contestando a las dudas, inquietudes y curiosidades de sus lectores, Murakami se declara «cansado como si hubiera corrido un maratón de 100 kilómetros», pero dichoso de haber compartido la experiencia con sus seguidores. «No creo que podamos repetirlo, si tengo que hacerlo de nuevo, me muero», confesó el autor de la trilogía «1Q84», quien no descarta volver a hacer algo parecido buscando un nuevo formato. En su mensaje de despedida, el más popular de los escritores contemporáneos japoneses reconoció que todavía tiene pendiente la lectura de poco más de 4.900 mensajes y pide comprensión a sus remitentes. En el tiempo que ha permanecido abierto el consultorio, Murakami ha contestado a comentarios de diversa temática, desde música y cine, hasta los constantes rumores sobre su candidatura al Nobel de Literatura o su relación de amor-odio con los gatos, su animal favorito. «Tengo sólo un cuerpo y mis ojos ya están cansados», escribió el creador de «Kafka en la orilla» a modo de disculpa, para añadir más tarde que leerá todos los comentarios acumulados porque es su «responsabilidad».

viernes, 1 de mayo de 2015

Así se construyó "Cien años de soledad"


Una nota del el diario El País (España) da cuenta sobre la odisea del manuscrito de la obra cumbre de Gabriel Garcí Márquez (Colombia), dice la nota:

Fue un martes de 1965. Gabriel García Márquez acababa de regresar de un fin de semana en Acapulco con su esposa y sus dos hijos, cuando, fulminado por un “cataclismo del alma”, se sentó ante la máquina de escribir y, como él mismo recordaría años después, no se levantó hasta principios de 1967. En esos 18 meses, todos los días, de nueve de la mañana a tres de la tarde, el escritor colombiano gestó Cien años de soledad. Mucho se ha escrito de la atmósfera mexicana en la que germinó su obra magna, de su obsesión creativa, de sus dificultades económicas, del apoyo inquebrantable de los amigos. Pero muy poco se sabe de su construcción. Las claves de su plasmación material, la ingeniería sobre la que edificó el universo de Macondo, siguen entre sombras. Y este misterio no fue casual. El propio autor, cuando en junio de 1967 recibió el primer ejemplar impreso, rompió el original para que “nadie pudiera descubrir los trucos ni la carpintería secreta”. De aquella destrucción histórica se salvaron contadísimos documentos. Uno de ellos, posiblemente el más importante, fue la primera copia de las pruebas de imprenta. Sobre las galeradas, García Márquez anotó de su puño y letra 1.026 correcciones, dejando a la luz cambios e inflexiones de enorme interés. más información Esos papeles, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, han seguido una azarosa existencia. El escritor los regaló al cineasta exiliado Luis Alcoriza y a su esposa Janet. Tras sus muertes, fueron subastados dos veces sin éxito y ahora, olvidados otra vez, buscan acomodo en una institución. “Prefiero que estén en una biblioteca o un museo que conmigo”, dice el mexicano Héctor Delgado, heredero de los Alcoriza. Las galeradas, de editorial Sudamericana, suman 181 hojas de doble folio, numeradas a mano, con acotaciones del autor en bolígrafo o rotulador. Su recorrido muestra la orfebrería de García Márquez. En ellas el autor señala los inicios de capítulo, reordena párrafos, suprime y añade frases, sustituye o corrige más de 150 palabras y, en muchas ocasiones, alerta de erratas. En este ejercicio queda patente el agotador pulso que el autor mantenía consigo mismo. Los cambios no solo van destinados a purificar el texto o despejar la fronda de nombres de los Buendía, sino que ahondan en sus inextricables juegos de lenguaje. A veces, se trata de sutilezas: de “amedrentar” se pasa a “intimidar”, de “obstruir” a “cegar”, o de “completar” a “complementar”. Pero otras, la mano del escritor va mucho más lejos: las mariposas se vuelven “amarillas”, las sanguijuelas se sacan “achicharrándolas” con tizones, el troglodita queda convertido en un “atarván”, los niños andan como “zurumbáticos”, la Ópera Magna se transforma en “alquimia”, un san José de yeso descubre un interior “atiborrado de monedas de oro” o la descarga del máuser “desbarata”, que no “desarticula”, un cráneo.
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lunes, 27 de abril de 2015

Cinco esquinas, la nueva novela de Mario Vargas Llosa

  El nobel peruano dio a conocer el día de ayer el título de su nueva novela: Cinco esquinas. Dice la nota de El País:
El premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, ya tiene un borrador de su nueva novela, que se titula Cinco esquinas. El escritor lo ha anunciado este sábado en el primer Foro Internacional del español 2.0, celebrado en el Ifema de Madrid. El autor de La fiesta del Chivo ha reconocido que le gusta tener un título al principio porque le sirve de guía para escribir. Vargas Llosa, al que sus amigos llamaban Varguitas y se ganaba la vida en el colegio militar Leoncio Prado escribiendo novelitas picantes para ganarse unos soles, sigue siendo aquel adolescente cuya efervescencia de amor por la literatura lo hace vivir cada episodio de su vida con las letras en un acontecimiento digno de alborozo. Acaba de regresar de Lima, donde ha vivido los últimos meses después de su arriesgada aventura como actor de teatro, y antes de irse a Ifema a hablar con el director de EL PAÍS se encontró en su casa con su editora, Pilar Reyes, de Alfaguara. Al tiempo que la abrazaba, le dijo con aquel alborozo adolescente de Varguitas: — ¡Ya tengo el título! ¡Se titulará Cinco esquinas! Es el autor de títulos que han llegado a ser frases comunes, como La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo o La fiesta del Chivo, y se le ocurrieron tan pronto empezó a escribir porque tener el título desde el principio le sirve de guía en la escritura, le confesó luego a Caño. En cambio este último, Cinco esquinas, se le resistió, el que más, hasta que le vino anteanoche, al llegar a Madrid, su segunda residencia en la tierra después de Lima. Un título, dijo, lo ordena, pone en circulación ya su mano para seguir con las incontables correcciones de que constan los sucesivos borradores de sus manuscritos. Siempre, como pasó con El paraíso en la otra esquina, esos títulos se le resisten; “y sobre todo en esta ocasión: voy a empezar con el segundo borrador y ya tengo título”. Como un chiquillo, el escritor de 79 años le ofrecía a su editora esa primicia como un regalo que más tarde compartiría con la nutrida audiencia del Foro del Español. Cinco esquinas transcurre en Lima, en el barrio del mismo nombre y que fue elegante, aunque ahora se ha venido a menos. Lima vuelve a ser el escenario, como en las principales novelas de su primera etapa. Y esa Lima le ha dado otra vez la realidad que el autor de La verdad de las mentiras está convirtiendo en la novela cuyo título se le acaba de ocurrir en Madrid y que ayer desveló como quien envía a un editor el sobre de su primer manuscrito. El escritor ha participado en un encuentro organizado por EL PAÍS dentro del Foro Internacional del Español, que se celebra hasta este domingo. El premio Nobel ha conversado con el director del periódico, Antonio Caño, sobre el periodismo y el lenguaje. Esta es una de las actividades que EL PAÍS ofrece dentro del congreso dedicado a impulsar la riqueza del español y resaltar la cohesión y la diversidad que genera.

jueves, 23 de abril de 2015

Juan Goytisolo recibe el Premio Cervantes

El premiado rodeado de los reyes de España (Foto ABC)


Con un discurso breve, una americana en vez del chaqué protocolar y una corbata de 35 años atrás, el escritor catalán recibió el Premio Cervanntes por su obra. Dice la nota de El País:

“A la llana y sin rodeos”. Con esta frase cervantina quiso titular Juan Goytisolo uno de los discursos más breves en la historia del Premio Cervantes y, sin duda, uno de los más políticos. En apenas 10 minutos, el escritor, de 84 años, reivindicó sobre todo dos cosas: la justicia social y la cara menos glamurosa del inventor del ingenioso hidalgo. “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella”, subrayó antes de lanzar un guiño al partido que ha revolucionado en apenas unos meses el panorama político español: “Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia”. En una jornada tan justiciera, Goytisolo dijo sentirse “como Bárcenas cuando llega al juzgado” al entrar en el Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Tal era la expectación. El novelista barcelonés cumplió con lo anunciado: prescindió del chaqué protocolario, se puso la americana de las ocasiones y una corbata de hace 35 años. En su novela Casetas de baño, la novelista francesa Monique Lange, esposa de Goytisolo, fallecida en 1996, cuenta que entre las intenciones de su marido estaba “conducir la lengua española por el desierto” y “llevar a La Meca a Isabel la Católica”. Él suele evocar el particular sentido de humor de Lange para explicar esas frases, pero lo cierto es que el autor de En los reinos de taifa llevó a Felipe VI hasta la valla de Melilla. Al menos simbólicamente. Pasaban 11 minutos del mediodía cuando Juan Goytisolo, con la corbata ya descolocada, el primer botón de la camisa desabrochado y la medalla del Cervantes al cuello, subió lentamente al púlpito del paraninfo, abrió una carpeta roja, se ajustó mecánicamente los pantalones y se lanzó a leer las 1300 palabras de su discurso —unos cuatro folios al cambio de las antiguas pesetas—. Antes improvisó una doble dedicatoria: a su “maestro” Francisco Márquez Villanueva —estudioso de los heterodoxos españoles fallecido hace dos años— y a los habitantes de la medina de Marraquech, que han acogido, dijo, su “incómoda” vejez. Sin rodeos, pero rodeado de autoridades (civiles y militares), un puñado de amigos y dos sobrinos —Gonzalo y Julia, la famosa Julia de las palabras de su hermano José Agustín—, el autor de Contracorrientes subrayó que hoy “las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”. Ante el “sombrío" panorama de una crisis triple —económica, política y social— resulta difícil, insistió, resignarse a “la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes”. Por eso quiso imaginar a don Quijote deshaciendo nuevamente “tuertos” y socorriendo a los “miserables”, es decir, “acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la moderna Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”.
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Ve el discurso:

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