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miércoles, 12 de febrero de 2014

30 años sin el primer cronopio



Un 12 de febrero de 1984 partió el primer cronopio: Julio Cortázar. Este año se recuerdan los treinta años de su muerte y el centenario de su nacimiento (26 de agosto de 1914). Dice la nota de La Razón.
El trigésimo aniversario de la muerte de Julio Cortázar marca en Argentina el comienzo de un año de homenajes por el centenario del nacimiento del autor de Rayuela, una de las figuras del “boom latinoamericano”. Desde hoy, cuando se cumple el aniversario de su muerte, y durante seis meses, se desplegará un amplio programa de actividades, que cobrarán relevancia en agosto, ya que el 26 el escritor hubiera cumplido 100 años. “El mayor festejo se lo vamos a hacer sobre su nacimiento porque nos gusta más festejar los nacimientos que las muertes”, explicó Rodolfo Hamawi, director de Industrias Culturales del Gobierno argentino. Sobre su fallecimiento en París, el 12 de febrero de 1984, Hamawi recordó que ese día, según relata el escritor argentino Carlos Polimeli en su biografía Cortázar para principiantes, hubo una invasión de mariposas de colores sobre Buenos Aires. El punto de inicio será en marzo, en el Salón del Libro de París, que esta edición tiene a Argentina como país invitado. La cita literaria será el escenario de una muestra fotográfica con 15 imágenes inéditas realizadas por Sara Facio, autora de varios retratos de Cortázar.

miércoles, 26 de junio de 2013

Cincuenta años de "Rayuela"

 
Junio es el mes en el que la obra cumbre del maestro Julio Cortázar cumple 50 años de su publicación, el periódico español El País realizó un especial sobre la novela, la obra y sobre el propio Cortázar, extraemos unos pasajes del artículo escrito por Juan Cruz:
Rayuela empezó a crecer en seguida. Pero para llegar a ser la novela más exigente de Julio Cortázar, este tuvo que cumplir algunos requisitos muy exigentes consigo mismo. En primer lugar, como él le contaría poco tiempo después a Luis Harss (Los nuestros, recientemente reeditado por Alfaguara), tuvo que desprenderse para escribir esa novela de modos y de precipitaciones que eran habituales en sus libros anteriores, y sobre todo en Los premios, un divertimento que precedió, hasta en ciertas estructuras, a la Rayuela que lo hizo escritor de culto en todo el mundo, para jóvenes y no tanto. Hasta entonces, concedía Cortázar en su conversación con Harss, se fijó poco en las personas y más en su propia imaginación, en las figuras que poblaban su mente y por tanto sus libros. Rayuela iba a ser rabiosamente humana; en otras palabras, era una novela del ser más que una novela del estar. En sus conversaciones epistolares incesantes con Francisco Porrúa (que figuran en un apéndice de la edición de Rayuela con la que Alfaguara conmemora ahora el cincuentenario de la primera edición) Cortázar hizo evidente esa preocupación existencialista de su obra y quizá de su pensamiento de la época, en el tiempo en que aún mandaban en la estructura intelectual contemporánea las consecuencias de la guerra en Europa. No solo eso, también las heridas elementales que causaba en los emigrantes argentinos la lejanía de su patria. Era una novela extraña entonces, pues en ella cabía todo el mundo, como en las obras de Shakespeare, y había ritmos y canciones y conversaciones sincopadas como el jazz. En esas conversaciones, así como en las notas editoriales, que eran asimismo abundantes, Cortázar dejó muy claro que él no quería engañar al lector, sino escribir una contranovela, un libro que no se pareciera a las novelas y que tampoco se pareciera a nada de lo que había escrito hasta entonces, aunque sería inevitable que los rayuelitas (como dice Harss) se sintieran también rayuelitas leyendo la extraordinaria colección de cronopios en los que Cortázar se hace eco de cosas que oye en la calle o en su casa.
 
Sigue el especial pinchando aquí

lunes, 25 de marzo de 2013

50 años de Rayuela

Este año se cumplen 50 años de la publicación de "Rayuela" la obra maestra de Julio Cortázar, dice la nota de Revista Ñ:
En los 60, cuando apareció, se transformó muy rápidamente en un clásico. Por su formato, por su vanguardismo, por la forma en que mezclaba el surrealismo francés de los años 20 con el realismo mágico del boom latinoamericano. Para los lectores argentinos en particular, la novela traía algo de la vanguardia de Macedonio Fernández. Por las aspiraciones poéticas del libro, también traía algo de Oliverio Girondo. Venía a bordo de las velocidades de su tiempo, a bordo del rock, el pop, las revueltas políticas y la revolución sexual. Pero cómo no recordar aquel texto de David Viñas que apareció en 1969 y en el que se cuestionaba la influencia que Cortázar estaba teniendo en una nueva generación de escritores de entonces: Manuel Puig, Ricardo Piglia, Germán García. En los 70, aclamada por una nueva generación de jóvenes, leerla se volvió una forma de ser más joven todavía. Así como los capítulos de la novela podían reordenarse según los caprichos del lector, del mismo modo, la novela era también una forma de imaginar otro orden del mundo. Pero ya se encontraban definitivamente divididas las aguas respecto de las formas de leerla: mientras algunos la reivindicaban por su vitalismo, su lenguaje coloquial y el mensaje social del escritor en sus entrevistas, había quienes en cambio reivindicaban la novela por el mundo cultural y artístico que evocaba, por su experimentalismo y su vanguardia. En los años 80, ya definitivamente considerada un monumento literario, se transformó en la novela de un autor referente ineludible de la izquierda internacional. Cuando ese autor de fama exorbitante en el que se había transformado Cortázar regresó al país luego de treinta años de vivir en el exilio, el recientemente electo presidente de la Democracia, Raúl Alfonsín, no lo quiso recibir. Ya para entonces Rayuela se había transformado en la novela argentina del boom latinoamericano y en un clásico de repercusión universal. Los 80 eran también los años en los que se apagaría la vida del creador de la historia de La Maga y Horacio. Durante los 90, cuando a los de mi generación nos tocó leerla, Rayuela estaba en todas las bibliotecas en formación, aquellas que no tenían más de veinte libros. En todas había un ejemplar con la historia duplicada entre calles de París y Buenos Aires. De entre nuestros primeros libros, Rayuela era probablemente uno de los pocos destinados a sobrevivir, el primer ladrillo de una nueva forma de leer. Porque Rayuela también era eso: un libro con una biblioteca adentro. Leerla era también una forma de descubrir que por debajo de la historia de La Maga y Oliveira vagando por París, se asomaba una historia más sórdida: la de un triángulo escéptico formado por Horacio, Talita y Traveler en un circo de Buenos Aires primero y en un manicomio después. Era una de nuestras primeras educaciones sentimentales para reivindicar la locura. Y era una forma de no llevarnos tan mal con nuestras pobrezas, una forma de pelearnos con la indigencia cultural en la que el menemismo nos hundía. Recuerdo que cuando la empecé a leer bajé corriendo a comprar un disco de jazz para escucharlo mientras la seguía leyendo. Para mí era la puerta de entrada a los años 50, una época que venía con su propia música. Pero si el jazz era la música de fondo de Rayuela, la estructura moral de la novela era la del tango de los años 40. Era el tango de los años 40 y “Buenos Aires Hora Cero” de Piazzolla todo junto, como en una coctelera: por las palabras del lunfardo, por la forma de relacionarse entre sus personajes, por la ruptura de las formas y la nostalgia frente al tiempo que pasa. Leída en los 2000, Rayuela es un gran hipertexto de papel, lleno de referencias e imágenes adjuntas, sonidos y notas musicales, con links que reenvían de una zona a otra del libro. No sería extraño tropezar con una edición en la web: una versión de la novela con ruidos, fotos, dibujos con líneas rotas, collages y canciones. Hoy, a cincuenta años de su primera edición, y a pesar de su reconocimiento internacional, su potencia sigue siendo la de una novela compleja. Celebrada en congresos internacionales de literatura, todavía es desdeñada por ciertas zonas de la crítica académica argentina. Pero para muchos Rayuela trae consigo una visión del mundo y una teoría de la literatura que incorpora la reivindicación de géneros literarios menores, la prueba de que los experimentos literarios y los juegos de las vanguardias son también cosas que pueden cautivar a muchos lectores. Para otros, a pesar de que la novela ponía el acento en el protagonismo del lector, apelando a que fuera él quien reorganizara el texto, también traía un “Tablero de dirección” un “manual del usuario” puesto al comienzo, una forma de subestimar al lector al que supuestamente se quería jerarquizar. Y ni hablar de aquella distinción desafortunada, la que separaba a “Lector Macho” de “Lector Hembra” y de la que después Cortázar pretendió desdecirse. Para algunos escritores contemporáneos Rayuela fue una novela revolucionaria que transformó a la literatura. Por ejemplo Washington Cucurto –nacido en 1973, autor de La máquina de hacer paraguayitos y Cosa de negros, entre otros– confiesa que no hace mucho la leyó y le pareció un texto impresionante: “Toda novela tiene su lenguaje, y el de Rayuela no envejeció.” Para autores y críticos contemporáneos, sin embargo, es válido cuestionarse si la novela envejeció: por su misoginia y su machismo, por las posturas del narrador frente a las minorías sexuales, por la forma en que la figura de la mujer es subestimada. Pese a las críticas que se le puedan hacer, Rayuela sigue estando en nuestras bibliotecas, con sus armas secretas y cautivando a cada nueva generación. En algún lugar de la literatura La Maga y Horacio –sus protagonistas– se siguen encontrando para cazar estrellas, sepultar paraguas o suicidarse arrojándose a los ríos metafísicos. Y Talita y Oliveira siguen con insomnio jugando a la rayuela en el patio húmedo de un manicomio. Rayuela se sigue encontrando con nuevos lectores. Lectores exigentes, como la escritora Mariana Enríquez (1973, autora de Bajar es lo peor y Cómo desaparecer completamente): “ Rayuela es una novela de su época –ese narrador es tan contemporáneo de sí mismo que es difícil aplicarle objeciones de este milenio–. Talita es un personaje que me encanta. Hay párrafos de esa novela de una belleza y una técnica pasmosas. Creo que, en general, a Cortázar se le pega demasiado”.

martes, 19 de marzo de 2013

Continuidad de los parques (Julio Cortázar)



Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

martes, 12 de febrero de 2013

Julio Cortázar a 29 años del paso a su inmortalidad

 
Un día como hoy paso a la inmortalidad el genial Julio Cortázar, dice la nota:
El mundo recuerda este martes al escritor e intelectual Julio Cortázar, importante personalidad de la literatura del siglo XX comprometido con las luchas de los pueblos oprimidos, a 29 años de su fallecimiento en París (capital francesa). Cortázar traductor, dramaturgo, poeta y excelente autor del relato corto fue uno de los escritores que revolucionaron la literatura, al romper todos los moldes clásicos que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica. Se le considera uno de los autores más innovadores, comparable con Julio Borges, Antón Chéjov o Edgar Allan Poe. Julio Cortázar, de padres argentinos y nacido en Bélgica en agosto de 1914, cursó sus estudios primarios y los completó con los de magisterio y letras. Durante cinco años se desempeñó como maestro rural y luego como traductor de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Parte de su vida la pasó en Argentina, Italia, España, Suiza y Francia, último país en el que se estableció en 1951 y en el que ambientó algunas de sus obras. Sin embargo, no fue sino hasta 1981 cuando recibió la ciudadanía francesa. En 1963 publicó su obra maestrea “Rayuela”, que marcó un estilo al poderse leer cronológicamente o a saltos por capítulos como un juego de cuadros trazados en el piso, según un tablero diseñado por el autor, quien pensó titularla Mándala en un primer momento en referencia al símbolo circular que se encuentra desde el comienzo de la humanidad. Al ser preguntado sobre el significado de “Rayuela”, Cortázar expresó que “de alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura”. Pese a que Julio Cortázar es reconocido principalmente por su narrativa, escribió gran cantidad de poemas en prosa e incluso poemas en verso. También colaboró en publicaciones en distintos países, grabó sus poemas y cuentos, escribió letras de tangos y le puso textos a libros de fotografías e historietas. En 1963 visitó Cuba, invitado por Casa de las Américas, para ser jurado en un concurso y a partir de ese momento nunca dejaría de interesarse por la política latinoamericana. Entre sus obras destacan Bestiario, Final de juego, Las armas secretas, Historias de cronopios y famas, La vuelta al día en ochenta mundos, entre otros numerosos volúmenes de relatos, así como de las novelas Los premios, El libro de Manuel y El diario de Andrés Fava.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Texto raro de Julio Cortázar


La Editorial RM publicará un texto raro del maestor del relato Julio Cortazar, dice la nota:
Una breve pieza de Julio Cortázar, Corrección de pruebas de Alta Provenza, fue editada por la editorial RM a fin de adentrarse tanto en la obra del autor argentino como en sus propias reflexiones y en su modo de vida. Se trata, apunta un comunicado de la editorial, de un “texto singular”, que se publica en solitario por primera vez y en el que Cortázar relata la recepción de las pruebas de imprenta de su novela el Libro de Manuel (1973) en su refugio de Saignon, un pequeño pueblo de la Provenza (sureste de Francia). El novelista, que vivió entre 1914 y 1984, decidió sumergirse en la corrección del texto y se aisló recorriendo la Provenza en su furgoneta Volkswagen con la sola compañía de unas latas de sopa, vino tinto, una radio y su máquina de escribir. A la vez que escribe sobre sus textos y ejerce su propia crítica, relata lo que piensa y lo que sucede en su entorno, destaca el sello editorial. La edición de Corrección de pruebas de Alta Provenza tiene 49 páginas y está prologada por el escritor mexicano Juan Villoro. El texto fue publicado por primera vez en 1973 por la editorial Tusquets como parte de una antología de varios autores latinoamericanos y españoles como Lezama Lima, Octavio Paz, Gil de Biedma o Juan Goytisolo. Al parecer, la experiencia de viaje, aventura y escritura itinerante cautivó al reconocido autor de La casa tomada y Historias de cronopios y de famas, pues la repitió en 1982. Esta vez, el viaje fue de largo aliento y en compañía de su entonces pareja, Carol Dunlop con quien en el trayecto escribió a cuatro manos el célebre Los autonautas de la cosmopista.

jueves, 23 de febrero de 2012

Medio siglo de cronopios

En 1962 se publicaba el libro de relatos "Historias de Cronopios y de famas" de Julio Cortázar, hoy se recuerdan 50 años de su publicación, lo refleja así Revista Ñ de Clarín:
Entre las instrucciones que daba Julio Cortázar en Historias de cronopios y de famas, había textos que enseñaban a llorar, a subir una escalera. A darle cuerda a un reloj. Decía Cortázar: “No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Ese libro, que fue precursor del microrelato (publicado por Minotauro), cumple 50 años y conserva todo su poder fabulador. Y es el hilo conductor del homenaje a Cortázar que se celebró ayer en el Centro de Arte Moderno, en Madrid, presidido por su viuda, Aurora Bernárdez. En la presentación del libro Mundo Cronopio, con ilustraciones de la artista italiana Judith Lange, Bernárdez dijo que Cortázar escribía estas historias “cuando se le ocurría, no como una novela que se empieza y termina”. “Julio nunca se puso a escribir ‘los cronopios’. Era algo circunstancial. El iba al correo, por ejemplo, y le salía una historieta cómica, según se le iba ocurriendo. Después, con todo eso se armó el libro”, recordó Bernárdez, quien también es albacea del escritor. Historias de cronopios y de famas es uno de los libros que mejor muestra hasta qué punto Cortázar “podía prescindir de los géneros. Escribe y basta”, dijo la especialista y profesora de la Universidad de Roma La Sapienza, Rosalba Campra. “Sus libros encierran un modo nuevo de acercarnos a las cosas y por eso uno queda enganchado, se contagia y empieza a encontrar elementos cortazarianos en aquello que ve”, comentó Campra. Y agregó: “Los ‘cronopios’ son despreocupados, poéticos pero también pueden ser crueles, hacer canalladas por diversión, y en los ‘famas’ uno podría ver a la gente más encasillada, menos tierna”. Del homenaje a Cortázar, además de Bernárdez y Campra, participaron expertos en su obra, como Julio Ortega, miembro de la Cátedra Julio Cortázar de la universidad mexicana de Guadalajara.
¿Qué es un cronopio?
Historias de cronopios y de famas
Lee aquí

martes, 24 de enero de 2012

Julio Cortázar íntimo

Gracias a un trabajo intenso realizado por la albacea de Cortázar (Aurora Bernárdez), llega hasta nosotros un Julio Cortázar íntimo, más de mil cartas dirigidas a distintas personas serán publicadas por la editorial Alfaguara, dice la nota de Revista Ñ:
Una cierta distancia nos separa hoy de la literatura de Cortázar. Para preservarlas en el arcón de los buenos recuerdos, muchos de los que lo leyeron con devoción y encontraron en ellas claves de sus propias iniciaciones, prefieren no intentar la relectura de sus novelas. Algo distinto ocurre con sus libros de cuentos que parecen haber soportado mejor el paso del tiempo tras haber ganado el estatuto de construcciones perfectas, clásicas. Del Cortázar hombre perviven algunas imágenes cristalizadas, injustas como todo estereotipo: el antiperonista acérrimo y despectivo; el porteño enamorado de París que usaba el lunfardo arrastrando la rr; el intelectual parecido al Oliveira de Rayuela pero también el entrañable cronopio juguetón; el emblema del boom latinoamericano; el que adoptó la izquierda junto con la guayabera y el habano; el viudo inconsolable de Carol Dunlop, su última mujer. Los tres tomos de sus cartas, publicados por Alfaguara en 2000, fueron un viento refrescante que invitaba a volver a leerlo. El mismo efecto tuvieron los Papeles inesperados (2009) y las Cartas a los Jonquières (2010). Ese viento no estaba hecho de otra cosa que de una prosa que supo inventarse a sí misma y que regresaba para mostrarse en su potente vitalidad. Cortázar es el viento y es la prosa que borra distancias y establece de inmediato la complicidad. Un modo de decir que vuelve a encantarnos, acaso de la misma manera como nos encantan algunas cosas que sabemos perdidas. Así ocurre con las cartas, esa forma de la comunicación cifrada en la materialidad de la letra y el papel que el correo electrónico con su velocidad y eficacia ha barrido para siempre. La publicación en cinco volúmenes de la correspondencia del escritor en una edición corregida y aumentada en más de mil cartas respecto de la del año 2000 es una noticia tan feliz y nostálgica como el reencuentro con aquellas buenas cosas. La recopilación traza un arco que se inicia en 1937, cuando Cortázar es un maestro normal que da clases en la provincia de Buenos Aires y se extiende hasta enero de 1984, pocos días antes de su muerte en París. Es, desde todo punto de vista, un recorrido vital, la mejor biografía del escritor y probablemente su mejor novela, como bien lo señala Carles Alvarez Garriga en el texto preliminar. Las cartas ponen de manifiesto “la formidable coherencia entre vida y obra, la absoluta falta de astucias o de renuncios, su gran disponibilidad”. Casi cincuenta años en los que no hay un mes en el que no le haya escrito a alguno de los muchísimos y variados destinatarios. Pero, ¿quiénes son los destinatarios? Todos aquellos a quienes Cortázar necesita dirigirse de manera perentoria, ya sea por cuestiones de amistad y cariño, lo que sucede la mayoría de las veces (un lugar privilegiado ocupan la familia Jonquières y el excéntrico Fredi Guthmann, con quienes el contacto epistolar se extiende durante décadas) o porque precisa comentar trabajos ajenos, responder las solicitudes de los estudiosos de su obra y compartir intereses con otros escritores (la lista, en este sentido, es larga y comprende, entre muchos otros, a José Lezama Lima, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Roberto Juarroz, Guillermo Cabrera Infante, Victoria Ocampo, José Bianco, Alejandra Pizarnik). En mayor o menor medida, todos son tratados como amigos con una generosidad que no sólo se manifiesta en la palabra siempre amable y divertida sino también en la extensión que les dedica. Cuando se piensa en las 3.000 páginas que llena esta correspondencia no se puede menos que reparar en la fatiga de redactarlas lejos de las facilidades de la escritura electrónica. ¡Y sin enmiendas! La fluidez, la elegancia y el ingenio revelan que las cartas son la continuación de su literatura por otros medios. Cortázar desarrolló su carrera como escritor cuando la figura del agente literario todavía no tenía suficiente peso. En este sentido, lo vemos afanarse en dos instancias que le resultaban igualmente importantes: el cuidado extremo en las ediciones y traducciones, y la necesidad de obtener un rédito económico que le permitiera vivir de la literatura. La correspondencia muestra hasta qué punto esto último le resultó difícil, de hecho no fue hasta bastante consolidado su prestigio cuando pudo renunciar a su cargo de traductor en la UNESCO. Con Francisco “Paco” Porrúa, su editor en Sudamericana, mantiene una lealtad inquebrantable pero no deja de establecer pautas y proponer cómo deben negociarse los derechos de sus libros en el extranjero. Paul Blackburn, su traductor al inglés, fue un compañero entrañable de tareas y un destinatario insoslayable. No puede decirse lo mismo de Edith Aron, la mujer que presumiblemente inspiró a la Maga de Rayuela y con quien Cortázar terminó la relación luego de la pésima traducción de su obra que ella hizo al alemán. En las épocas de su compromiso con las revoluciones cubana y nicaragüense, pide información, ofrece colaboraciones, establece contactos, intercede en favor de distintas causas. Pero es en el territorio de lo doméstico donde la proximidad se instala de manera definitiva reforzada por el humor constante. A Aurora Bernárdez, su primera mujer, le cuenta situaciones desopilantes relativas a su torpeza y rasgos escasísimos de maledicencia. Será ella, desde siempre y para siempre, la encargada de velar por su intimidad, su memoria y sus papeles. La testigo omnipresente incluso cuando otras mujeres ocuparon su lugar. Quizá por eso, esta edición a su cuidado transmite el gesto delicado, el más perdurable, el del amor que sobrevive al amor.
Más información en:

Cinco cartas íntimas

martes, 9 de agosto de 2011

Paseo virtual por la Biblioteca de Cortázar


"Julio Cortázar" por Ricardo Carpani

El Instituto Cervantes y la Fundación Juan March han inaugurado una exposición virtual sobre el universo literario de Cortázar, aquí el artículo publicado en el ABC de Sevilla:







El Instituto Cervantes y la Fundación Juan March inauguran una exposición virtual sobre el universo literario de Cortázar. «Los libros de Cortázar», permite adentrarse por primera vez en la Red en la biblioteca del autor de «Rayuela», y conocer, a través del testimonio de sus libros, su universo lector.
Coordinada por Jesús Marchamalo, la muestra puede visitarse desde esta semana en la página web del Centro Virtual Cervantes http: //cvc. cervantes. es/literatura/libros_cortazar/.
Aurora Bernárdez, viuda y legataria universal de Julio Cortázar, donó en 1993 a la Fundación Juan March la biblioteca personal del escritor. Algo más de cuatro mil volúmenes, muchos de ellos dedicados o anotados, que tenía en su casa de parisina: literatura del siglo XX, libros de arte, antiguas ediciones de clásicos castellanos; libros de poesía en inglés o francés, diccionarios, etc.
Dividida en cinco epígrafes -libros firmados, dedicados, anotados, con objetos y formatos curiosos-, la muestra se detiene en un centenar de obras, seleccionadas por su singularidad. Hay libros dedicados por Octavio Paz, José Lezama Lima, Pablo Neruda, Alejandra Pizarnik, muchos de ellos mostrados por primera vez; así como dedicatorias de María Zambrano, Rafael Alberti, Augusto Monterroso, Italo Calvino, Virgilio Piñera, entre otros muchos autores con los que Cortázar tuvo relación.
También pueden verse libros con anotaciones manuscritas, a lápiz, bolígrafo o rotulador -comentarios, preguntas-, que muestran la pasión con la que Julio Cortázar leía, y el diálogo que le gustaba establecer con los autores a través de sus libros.
Incansable corrector de erratas
Hay un apartado dedicado a las erratas, que el escritor corregía incansablemente, y sobre las que -en ocasiones- pedía explicaciones en los márgenes del libro a autores y a editores: «¿Por qué tantas erratas?», anota en su edición de «Paradiso», de Lezama Lima.
La exposición virtual se interesa también por algunos libros de formatos curiosos, y por una selección de primeras ediciones de obras de Julio Cortázar publicadas tanto en español como en distintas lenguas.

Sergio Ramirez premio Bienal de Novela "Mario Vargas Llosa"

El escritor nicaragüense Sergio Ramirez se alza con el premio de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra "El caballo dora...