Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fuentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fuentes. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de julio de 2020

La biblioteca de Carlos Fuentes





La máquina de escribir Olivetti Lettera 30  de Carlos Fuentes.
                     La máquina de escribir Olivetti Lettera 30 de Carlos Fuentes. Mónica González
En el periódico El País (España) entrevistan a Silvia Lemus viuda de Carlos Fuentes, quien nos muestra la biblioteca del escritor de "La región más transparente"; dice  la nota:

Pocos días antes de morir, Carlos Fuentes escribió el esqueleto de lo que podría haberse convertido en su próxima novela. En una hoja de papel con fecha de mayo de 2012 fue apuntando a mano, con bolígrafo negro, una lista de 28 escenas y personajes: “el baile del centenario”, “Madero”, “la madrugada”, “madre-hijo”. Al terminar, grapó la cuartilla a la pared de su escritorio. Aquella hoja sigue en el mismo lugar ocho años después. En el hueco de la estantería, detrás de la silla de trabajo. Encima del fax, sobre los dos retratos enmarcados de sus padres y al lado de unas viñetas gráficas del New Yorker. Uno de los estilizados chistes recortados del semanario en el que un hombre entra a una peluquería a cortarse el cabello y cuando termina sale de la tienda sin cabeza.

En los cajones también están sus plumas, rotuladores, marcadores de hojas y hasta un hatillo de antifaces para dormir. Una pila de libros, algunos en doble y triple fila, cubren la mesa de madera en forma de ele. “Siempre trabajaba en un huequito a pesar de la mesa grande que le compré. Quién sabe por qué. Manías de escritor”, explica sentada en la silla de trabajo de su marido Silvia Lemus, su esposa durante los últimos 40 años y albacea de su legado. Mientras nos explica más anécdotas, Lemus intenta echar el respaldo de la silla para atrás sin conseguirlo: “Al no usarla nadie desde hace ocho años, está tiesa”.

Como si el tiempo se hubiera detenido aquel 15 de mayo de 2012, todo está prácticamente igual en el escritorio de uno los grandes nombres del boom latinoamericano. Incluida la extensa biblioteca que se abre a la izquierda colonizando la pared de la habitación del estudio. Ocho filas de estanterías que van del suelo al techo. Es la zona de ensayos: filosofía, antropología, historia. Otras dos hileras ocupan el espacio de la esquina con traducciones al indio, al polaco o al chino de sus propias obras: La muerte de Artemio Cruz, Aura, Terra Nostra. Solo queda libre una pared con diplomas, la puerta y el ventanal que da paso a la azotea de la vivienda. Más de 14.000 títulos repartidos por toda la casa. Una elegante y ascética construcción de Luis Barragán, el único premio Pritzker mexicano, en un barrio residencial del sur de la Ciudad de México, donde se asentó la pareja tras los diferentes destinos del escritor como diplomático mexicano: París, Washington o Londres. En el apartamento que Lemus aún conserva en la capital inglesa hay otros 8.000 volúmenes.


Dos veces a la semana, una bibliotecaria viene a la casa de los Fuentes a poner orden en el caudal de libros. La colección es uno de los pocos supervivientes del acervo del premio Cervantes mexicano. Casi todo el archivo está ya a resguardo en la Universidad de Princeton por deseo expreso del propio autor. De hecho, los envíos a la universidad estadounidense, donde fue profesor durante la década de los ochenta, aún no han finalizado. Los otras dos habitaciones del estudio guardan cajas y cajas de material. En uno de los archivadores se lee: “Correspondencia 1943-2012. Revisar y enviar a Princeton”.

Silvia Lemus tiene, sin embargo, otros planes para la biblioteca. “Vamos a donarla a la Universidad Veracruzana. Su familia paterna viene de allí”. La decisión también la dejó encargada en vida el autor. El nuevo fondo universitario llevará por nombre Biblioteca Carlos Fuentes Lemus. Su bisabuelo fue un migrante alemán que en el siglo XIX fundó una hacienda cafetalera en el lago de Catemaco. Su padre, ya veracruzano, fue también diplomático. En una de sus primeras paradas internacionales, en Panamá, nacería el escritor en 1928. En Brasil, mientras su padre trabaja como secretario del embajador, ensayista, narrador y poeta Alfonso Reyes; el hijo, como él mismo solía contar, aprendió “a ser novelista sentado en las rodillas” del prototipo de intelectual liberal mexicano.

De la larga tradición de escritores-diplomáticos también formó parte Octavio Paz. Ambos se conocieron en París, en 1950, cuando Fuentes tenía 21 años y el futuro Nobel mexicano 35. “Nos hicimos amigos inmediatamente”, cuenta el propio Fuentes en A viva voz, un compendio de conferencias y otros textos sobre literatura publicado por Alfaguara a finales del año pasado. Junto a Elena Garro, Bioy Casares o Silvina Ocampo, los dos amigos salían de fiesta por los cabarets de Saint-Germain-des-Prés, “donde Albert Camus demostraba ser un gran bailarín de boogie y donde Luis Buñuel regresaba al triunfo de Los olvidados en Cannes”. Cinco años después, ya en México, continuaron las correrías: “organizábamos fiestas toga parties con muchachas muy guapas”. Eran los días de vino y togas, antes del giro conservador de Paz, que lo alejó de Fuentes y tantos otros escritores latinoamericanos. “Aun así —recuerda hoy Lemus— fue un amigo a quien siempre quiso. Lo quiso de verdad”.


En uno de los pocos huecos sin libros en las paredes del estudio hay cinco fotografías enmarcadas de algunos de sus escritores fetiche: Balzac, Kafka, Faulkner, Poe y Melville. A casi todos dedicó el autor mexicano reflexiones y alabanzas. En su libro de conferencias, se centra en una de las primeras novelas de la serie La Comedia Humana, de Honoré de Balzac. El protagonista es un joven que recibe de un viejo anticuario una extraña piel con poderes mágicos. Un vehículo para abordar la ambición, la miseria, el ascenso social, o la corrupción como ingredientes del naciente capitalismo. Temas centrales en la novela naturalista y que, de alguna manera, Fuentes integró también en su narrativa. A modo de lección, reflexiona en su ensayo: “Acaso el protagonista balzaciano sea el primer héroe del absurdo moderno”.

De Herman Melville, dice que “la loca cacería de la ballena blanca por el capitán Ahab revela el desastre al que puede conducir “el orgullo fatal” de un hombre y un país que se despiden de su inocencia”. Una alegoría universal, pero que resuena con fuerza al analizar el México posrevolucionario y la vileza de sus caudillos, núcleo central de La muerte de Artemio Cruz. Sobre Faulkner, del que tanto bebieron los exponentes del boom, destaca la importancia del territorio mítico de sus novelas, el condado de Yoknapatawpha, perdido en algún lugar del sur profundo de EE UU. Y subraya: “Como en los casos de la Comala de Rulfo y el Macondo de García Márquez, a mayor intensidad local corresponde mayor significancia universal”.

Las notas sobre sus lecturas solía apuntarlas a mano, sobre las mismas hojas de los libros o en cuadernos. “Vivíamos siempre rodeados de libros. Los subrayaba, escribía en el margen y utilizaba códigos. Algún día se descifrarán sus garabatillos”, apunta Lemus con una sonrisa. Luego, sale del estudio a la terraza y por unos escalones a la derecha baja directamente al dormitorio. También aquí hay libros. En las dos mesillas de noche. En la del lado derecho de la cama, el lado de Fuentes, todo sigue también intacto desde hace ocho años. La lámpara y los cinco libros: Un ensayo de Orson Wells, otro sobre Faulkner, una antología de poemas de León Felipe, otra de poesía Latinoamericana y una novela policíaca. “La novela negra —explica Lemus— le ayudaba a dormir”.


lunes, 24 de junio de 2013

Veinte años detrás de los pasos de Fuentes

 
El espionaje siempre fue fuente de historias y anécdotas, así como sabemos que también es la herramienta del imperio para seguir presente y omnipresente en la vida de sus súbditos. Por nota del ABC de España nos enteramos que el escritor mexicanoo fue blanco de las persecuciones del FBI (Hoover) por el lapso de veinte años, dice la nota:
 

El FBI y el Departamento de Estado vigilaron los pasos del escritor mexicano Carlos Fuentes durante dos décadas, y pusieron trabas para la concesión de visados que le permitieran entrar a Estados Unidos. Según documentos hechos públicos por la Oficina de Investigación Federal, la agencia calificaba a Fuentes como un «destacado escritor mexicano comunista» con «una larga historia de relaciones subversivas». Aunque le negaron la visa por lo menos dos veces, en 1962 y 1969, Fuentes sí visitó Estados Unidos durante ese tiempo, aunque con permisos de estancia por períodos cortos. En la documentación interna, ahora puesta a la luz, se indica que el escritor no reunía los requisitos para recibir la visa estadounidense, por haber sido miembro del Partido Comunista mexicano. Fuentes defendió la revolución castrista en Cuba y la sandinista en Nicaragua, además de ser muy crítico con la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica. Desde 1962 Los primeros informes datan de 1962, a propósito de una invitación que recibió Fuentes para participar en un debate televisado con el entonces subsecretario de Estado, Richard Goodwin, sobre la política estadounidense hacia la región. Un cable diplomático reconocía que hay «instrucciones de Washington para retrasar (la respuesta) si presenta la solicitud (de visa) y esperar más instrucciones». En 1970, cuando el autor mexicano enseñaba Literatura en las universidades de Nueva York y Columbia, el FBI se pronunció por contactar a informantes para conocer cualquier «información pertinente sobre las actividades del sujeto». Sin embargo, también se recomendaba no realizar investigaciones activas por la atención mediática que había recibido la denegación de visados. «Debido a la importancia de Fuentes como escritor, la publicidad que han recibido las negativas de visa previas y su relación con dos universidades de Nueva York, no es deseable una investigación activa en este momento». Incluso en 1985 aún se consideraba que el escritor no cumplía los requisitos para entrar al país por haber sido miembro de una organización prohibida, en aparente referencia al Partido Comunista, pero se recomendó concederle el permiso para viajar a Harvard pues se trata de un «destacado autor mexicano del siglo XX». Hijo de diplomático, Fuentes pasó parte de su infancia en Estados Unidos, donde llegó a ser catedrático de varias universidades.

miércoles, 13 de junio de 2012

Personas, inédito de Carlos Fuentes

El 20 de junio a través del sello Alfaguara, se publicara la obra "Personas", un documento inédito de el recientemente fallecido Carlos Fuentes, dice la nota:
Personas, la obra inédita del escritor Carlos Fuentes, fallecido el pasado 15 de mayo, en la que retrata los diferentes personajes a los que conoció e influyeron en su vida, saldrá a la venta el 20 de junio, publicado por Alfaguara. En este ensayo el autor de La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente o Terra nostra recoge una veintena de semblanzas, en las que recuerda y plasma hechos, anécdotas, enseñanzas y peripecias vividas con las personas que supusieron algo importante en su carrera. Lázaro Cárdenas, Jean Daniel, Fernando Benítez, Julio Cortázar, Luis Buñuel, Arthur Miller, Pablo Neruda, Alfonso Reyes, François Miterrand, Susan Sontag, María Zambrano o Jesús de Polanco, entre otros, son las personas que confluyen en este libro, en el que la situación de México y su panorama cultural están muy presentes.

viernes, 18 de mayo de 2012

Autobiografía literaria de Fuentes

El País publica una Autobiografa literaria de Carlos Fuentes, dice la nota:
A los 11 años, Carlos Fuentes recibió el premio del Instituto Nacional de Chile, en Santiago. Para entonces ya había escrito pequeños ensayos, cosas breves y, cuando tenía 18 años, participó en su escuela de México en un concurso de literatura. Ganó el primero, el segundo y el tercer premio. “Así decidí que mi destino estaba hecho. Y el de mis amigos también, porque se dedicaron a la política, no teníamos otra salida”, dijo mientras subía las cejas con risa burlona en la playa de Formentor, en Mallorca, donde el verano pasado recibió el Premio Formentor de las Letras. Allí desandó sus 82 años de vida por medio mundo. Gracias, primero, a la labor diplomática de su padre y después a los caminos por los cuales lo reclamó su propio éxito literario, hasta convertirlo en uno de los autores e intelectuales hispanohablantes clave de la segunda mitad del siglo XX y XXI y uno de los pilares del boom latinoamericano junto a Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Allí, a orillas del Mediterráneo, trazó su arco personal y literario y evocó algunos de sus libros. ‘LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE’ México habla al escritor (1958) “Pertenecía yo a una tradición, era muy amigo de Rulfo. Admiraba mucho su obra y me parecía que El llano en llamas y Pedro Páramo eran obras definitivas que cerraban un capítulo de estilo, de temática; y quedaba otra parte de la ciudad que no estaba escrita. Yo viví mucho la ciudad: fui muy parrandero, iba a cabarets, a burdeles, a los bailes, conocía mucho a la gente. Salía con Salvador Elizondo, éramos compañeros de parranda, y él se admiraba de mí y, a veces, cuando estábamos en alguno de estos sitios, me decía: ‘¿Por qué mejor no ves a las muchachas en lugar de estar tomando notas?’. Pero yo lo hacía, sin saberlo, para La región más transparente. De manera que cuando me senté a escribir la novela tenía una cantidad de elementos ya guardados inmensa, y la ciudad misma que estaba clamando por ser escrita. Yo sentía eso, que la ciudad me gritaba: ‘¡Escríbeme, por favor!, ¡Escríbeme, ¿por qué nadie me escribe?!’. Cuando salió decían que esa novela no valía la pena”, recordaba Carlos Fuentes. Así surgió una gran novela urbana cuyos retratos siguen vigentes. ‘AURA’ La luz y Maria Callas (1962) “Estando en casa de una amiga en París vi que ella salía de la recámara y al pasar por el tragaluz, ella, de tan solo 20 años, se transformó en una vieja por la luz que le cayó de repente. Así nació Aura, que escribí en cinco días en un café de París en 1962. Creyendo, como puede uno creer, que la obra era muy original, que no tenía antecedentes, la verdad es que no es así. Uno de ellos lo recordé más tarde, cuando vi en México, en los años cincuenta, La Traviata con María Callas. Ella hacía algo extraordinario al final de la ópera; mientras todas las sopranos echan el Do de pecho y se despiden con un aria enorme, María Callas no. Ella iba apagándose como una llama y cantando más levemente. Se apagaba la voz, se apagaba la vida. Eso me impresionó, y tiene que ver con Aura”. Esa historia de la joven que vive con su tía anciana y viuda y que Felipe Montero quiere liberar hasta que en su empeño entra en la confusión de la realidad. ‘LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ’ Pasado, presente y futuro (1962) “Entre tanto escribí La muerte de Artemio Cruz, que me faltaba como novela de mí país, de la revolución mexicana. Pero también era yo muy conciente del antecedente realista de otros autores españoles y pensé en la manera de darle otra forma a esta novela. Imaginé que habría tres personas que la contaban: un moribundo Artemio Cruz, en primera persona; la conciencia de Artemio Cruz, en segunda persona; y la vida de Artemio Cruz, en tercera persona. Presente, pasado y futuro”. Con esta novela empezó a adentrarse en la historia, el pasado mexicano, que sería uno de sus pilares literarios. ‘CAMBIO DE PIEL’ Para Julio Cortázar (1967) “Empezado los años sesenta iba muy bien, pero fue muy problemático porque uno no espera a los 30 años tener tanto éxito. Eso es antes de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Entonces sí tenía nervios, dudas, desorientaciones. Publiqué en 1967 Zona sagrada y Cambio de piel, pero no me sentía a gusto en mi propia piel”. La escribe y la dedica a Julio Cortázar, cuyo mundo late en sus páginas. Cholula es el pueblo mexicano en el que cuatro personas, que iban rumbo a Veracruz en un coche, desvelarán sus personalidades. De nuevo, las sombras de la historia, pero aquí en lo personal, sobre todo de Javier, que sacrificó sus sueños políticos e intelectuales por el amor. ‘TERRA NOSTRA’ Un proyecto de 10 años (1975) “No me sentí bien en mi propia piel y me preguntaba: 'Después de este éxito qué voy a hacer yo ahora? ¿Acaso voy a ser de esos escritores que escriben dos libros y se quedan en silencio, como Rulfo, o acaso voy a tener una existencia literaria más larga? No lo sabía. Entonces me embarqué en un proyecto literario que duró diez años: Terra nostra. Eso me dio aliento para seguir. Es una novela en la que tuve que investigar a fondo la época. Iba escribiendo poco a poco y la novela iba creciendo como una planta, como un arbolote. La terminé un año nuevo en Washington. Para muchos de mis lectores es mi mejor novela. Es para una minoría, no es una novela popular, de ninguna manera”. Es su obra más experimental. Trata del poder trasplantado de la corona española a sus colonias y para eso se remonta a los orígenes. ‘GRINGO VIEJO’ Un cruce de fronteras (1985) “Es un continuo cruce de fronteras en toda clase de ámbitos”, decía de Gringo viejo. La vida del periodista y escritor Ambrose Bierce, que un día cruza la frontera mexicana y busca unirse a las tropas de Pancho Villa, le sirve para decir que la vida no es una línea recta, y que no es solo el factor político el que determina destinos. ‘EL ESPEJO ENTERRADO’ La edad del tiempo (1992) La historia, el tiempo, la memoria y la imaginación están imbricadas en sus narraciones. Pero, ¿en qué momento reflexionó sobre eso?: “Fue a comienzo de los años ochenta. Era un momento blanco. No había más que nieve alrededor mío. No podía ni salir a la calle. Estaba muy encerrado y pensaba en el trópico, en las palmeras, en el mar. Y también en mi obra, entonces pensé en darle un título general y un orden. De ahí salió el nombre de todo mi ciclo literario: La edad del tiempo”. Entonces surge El espejo enterrado. De nuevo las relaciones entre España y América. El mirar atrás. La búsqueda de identidad de una metamorfosis continua. Un ensayo pormenorizado desde el punto de vista sociocultural. Un mundo que es ahijado de la tragedia de una vida utópica y real al tiempo. ‘LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ’ La mirada de la mujer (1999) “Las mejores novelistas del mundo son nuestras abuelas y a ellas, en primer lugar, les debo la memoria en que se funda esta novela”, escribe. Es la reivindicación femenina en la historia de México. Narra de manera paralela la historia de una mujer y la de su país durante una centuria: de 1868 a 1968. Independencias, guerras, revoluciones, guerras cristeras, PRI, modernidad… y los conflictos del mundo. ‘LA SILLA DEL ÁGUILA’ México, el enigma (2003) “México es un enigma para mí. Un país que se desborda y al que he buscado, tratado de entenderlo desde sus orígenes pero una de las respuestas y señas de identidad es que todo siempre se complica”. Y aquí lo hizo a través de una obra de corrupción política y de la ambición desmadrada que parecen sostener a toda una sociedad. ‘ADÁN EN EDÉN’ Lá última cruzada (2009) Es el comienzo de la última cruzada de Carlos Fuentes por radiografiar, descifrar y denunciar los males de la sociedad de su país: el narcotráfico y su capacidad para pudrir el tejido social.
Texto de despedida a Carlos Fuentes

miércoles, 16 de mayo de 2012

Se fue Carlos Fuentes

Hace dos días posteamos sobre la lucidez y claridad de Carlos Fuentes, hoy debemos lamentar su partida de la región más transparente, hasta siempre Carlos. Dice la nota:
La muerte de Fuentes por una hemorragia masiva, al parecer debida a una úlcera, sorprendió a México. Exembajador en Francia, exalto funcionario del Gobiernno mexicano, novelista, cuentista, articulista frecuente en español y en inglés —su primera lengua—, dramaturgo, ensayista, guionista de cine, autocatalogado de izquierda, considerado de derecha, el prolífico escritor mexicano acababa de publicar el cronicón La gran novela latinoamericana y su libro de ficción Carolina Grau. A medida que los años avanzaban, las novelas de Fuentes crecían en volumen. En La muerte de Artemio Cruz (1962) reconstruyó, siguiendo fielmente el modelo del novelista estadounidense sureño William Faulkner, la agonía de un personaje clave del mayor acontecimiento mexicano del siglo XX, la Revolución de 1910. En Aura (1962), Fuentes prefirió seguir a los narradores franceses contemporáneos, de la llamada escuela de la nueva novela. Compuso así una de las primeras novelas en español que no están redactadas ni en tercera ni en primera persona, sino en segunda. La novela Terra Nostra (1975), que supera con holgura el medio millar de páginas en apretada tipografía, es otro intento de síntesis ficcional de la historia mexicana. En la época de su redacción, Fuentes era embajador en Francia de Luis Echevarría, presidente aperturista del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que monopolizaba el poder en México. Por aquellos años, la fama de Fuentes, traducido a todas las lenguas europeas, alcanzaba una representatividad también monopólica de las letras mexicanas. Sus libros ganaban más compradores. Es difícil decir si ganaban más lectores. “Sólo si a uno le pagan una beca puede decidirse a leer Terrra Nostra”, escribió el gran periodista mexicano Carlos Monsiváis. Anticipándose al Quinto Centenario de la llegada de los españoles a América, publicó en 1987 su magna novela Cristóbal Nonato (1987). La Ciudad de México, tan lejos por entonces de ser “la región más transparente del aire”, era nuevamente protagonista. Fuentes alternaba su residencia entre México DF y Londres. Visitaba frecuentemente Buenos Aires, ciudad donde había vivido antes de cumplir los 16 años, y cuyos cines de la calle Lavalle añoró en su novela Cambio de piel (1967), una de las más clásicas, por sus experiencias con el lenguaje, el erotismo y el ritmo narrativo, del boom de la novela latinoamericana en la década de 1960. Fuentes visitó Buenos Aires diez días atrás. Quienes lo conocimos recordaremos el acento internacional de su español neutro, el buen corte de sus trajes, que prefería nunca repetir, la elegancia de su segunda esposa Silvia Lemus (que le dio dos hijos que murieron, uno hemofílico, otra comprando drogas), sus citas de autores conocidos, su gusto por las divas del cine argentino de la edad de oro (él se jactó de amoríos con su compatriota María Félix) y su pasión por saber quiénes eran los escritores más famosos del momento. Una carrera a la que sólo faltó el Nobel En más del medio siglo transcurrido desde su primer libro, el volumen de cuentos Los días enmascarados (1954), hasta el último Carolina Grau (2012), las ficciones de Fuentes fueron de las exportaciones mexicanas mejor recibidas. Novelista del boom latinoamericano, ganó el Premio Cervantes (1987) y el Premio Príncipe de Asturias (1994).
Más información en:
Excelsior de México
Perfil en Milenio

lunes, 14 de mayo de 2012

La claridad de Carlos Fuentes

Entrevistado en ocasión de su llegada a la Feria del Libro de Buenos Aires, Fuentes expresa su lucidez y claridad meridiana sobre la liteatura, América y otras cosas:
Carlos Fuentes llegó a Buenos Aires a comienzos de mayo para asistir a la Feria del Libro. Acababa de entregar un libro a su editorial y ya tenía otro en la cabeza, iba de un almuerzo a una cena, firmó ejemplares durante tres horas, recibió a decenas de periodistas, uno detrás de otro, respondió a cientos de preguntas sin titubear, sin demorarse, sin dudar en un nombre ni una fecha. Y siguió paseando sus 83 años entre América y Europa, sin atisbo de cansancio. El secreto tiene mucho que ver con su pasión por la escritura. "Mi sistema de juventud es trabajar mucho, tener siempre un proyecto pendiente. Ahora he terminado un libro, Federico en su balcón, pero ya tengo uno nuevo, El baile del centenario, que empiezo a escribirlo el lunes en México". Pregunta. ¿Sin horror al vacío de la página en blanco? Respuesta. Miedos literarios no tengo ninguno. Siempre he sabido muy bien lo que quiero hacer y me levanto y lo hago. Me levanto por la mañana y a las siete y ocho estoy escribiendo. Ya tengo mis notas y ya empiezo. Así que entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores, ya tengo bastantes razones para seguir viviendo. P. ¿No cree que a veces al cumplir años uno no se hace más sabio sino más torpe a medida que se afianza en sus viejas convicciones? R. Depende de quién. Yo soy muy amigo de Jean Daniel, el director del Nouvel Observateur. Es un hombre que acaba de cumplir 91 años y es más lúcido que usted y yo juntos. Nadine Gordimer tiene noventa y tantos. Luise Rainer, la actriz, a quien veo mucho en Londres, tiene 102 años. Y va conmigo a cenas, se pone un gorrito y va feliz de la vida. No hay reglas. El hecho es que cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada. Las calles de Buenos Aires le hacen recordar a Carlos Fuentes su adolescencia entre risas, como si acabara de sucederle ayer, inmune a las trampas de la nostalgia. R. Viví mucho Buenos Aires porque mi padre llegó como consejero de la embajada de México en 1943. Como el ministro de educación era Hugo Wast, en la escuela se daba una educación fascista. Y le dije a mi padre: “Mira, yo vengo de la escuela pública de Washington, no soporto esto”. Y mi padre me dijo: “Tienes toda la razón, tienes 15 años, dedícate a pasear”. Y eso hice. Durante un año me convertí en hincha de la orquesta de Aníbal Troilo. Lo seguí por todos lados. La librería Ateneo me alimentó con literatura argentina, me enamoré de una vecina que me doblaba la edad. Yo tenía 15 años, ella 30. Y siempre que regreso tengo la sensación de que rejuvenezco, de que vuelvo a tener 15 años y dónde está la francesita de enfrente, ¿no? P. ¿Fue correspondido? R. Mmmuy correspondido porque el marido estaba dirigiendo películas el día entero. P. ¿Cómo nota ahora la ciudad? R. Ha cambiado muy poco, es una ciudad idéntica a sí misma. Era una ciudad que se hizo en el gran auge ganadero y agrícola, desde [Domingo F. ] Sarmiento (1811-1888) hasta 1940. Pero están las mismas grandes avenidas, los mismos grandes hoteles... México es una ciudad más antigua, una ciudad india primero y después una gran ciudad de la colonia. Pero esto era una aldea en 1820 y dio un gran salto y se convirtió en Buenos Aires, que era la ciudad más atractiva, más moderna de América Latina. En esos años los argentinos despreciaban mucho al resto de América Latina: los brasileños eran macacos, los mexicanos éramos pistoleros. Y ahora ya somos iguales todos. P. ¿Bailaba tangos? R. Lo bailo muy bien. Tuvimos una cena en Montevideo que le dio el presidente [Julio María] Sanguinetti al presidente [Ernesto] Zedillo. Sanguinetti baila el tango estupendamente. Bailó con su mujer… ¡guau, aplausos!… Y le dijo a Zedillo: “Ahora, usted”. Y el presidente me dijo: “Carlos, tú represéntame”. Y yo bailé con mi mujer. Representé a México gracias al tango. P. Un escritor que recibe trato casi de jefe de Estado, ¿cómo se las arregla para escuchar? R. Un escritor tiene que escuchar porque si no, no se sabe cómo habla la gente. Anoche, por ejemplo, pasé dos horas o tres firmando libros en la feria. Pero, sobre todo, para oír a la gente, para ver qué piensa. Y, más que nada, yo les pregunto a ellos.
Sigue con la etrevista aquí

lunes, 15 de agosto de 2011

La gran novela latinoamericana



El escritor mexicano Carlos Fuentes lanzará este 24 de agosto su ensayo titulado "La gran novela latinoamericana", en el que señala que los escritores de esta parte del mundo dejaron de preguntarse "quíenes somos" por "cómo somos". Aquí parte de artículo publicado en La Tercera (Chile):



El escritor mexicano Carlos Fuentes, que lanzará el 24 de agosto un libro ensayístico sobre la novela latinoamericana, señaló que los escritores de la región evolucionaron de preguntarse "quiénes somos" a indagar "cómo somos".

En una entrevista que publica hoy el diario mexicano "Reforma", Fuentes dijo desde su casa de Londres que hubo un "gran cambio de temperatura" en la novela latinoamericana desde su generación a la actual, que se centra más en el presente que en el pasado.

"Yo digo, y quizá mucha gente no esté de acuerdo, que el quiebre fue Salvador Elizondo (1932-2006), quien deja atrás lo que podríamos llamar 'la nueva antigua novela', que estaba muy atada a la necesidad de escribir la historia no dicha de América Latina, que son la mayoría de escritores como Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez", dijo el escritor, de 82 años.

El nuevo libro de Fuentes, que se titula "La gran novela latinoamericana" y se presentará en España, analiza la evolución de la novela desde el descubrimiento de América hasta la actualidad.

"Los primeros autores querían ver sirenas, tortugas más grandes que una casa. Nuestra literatura empieza con ese deseo de maravilla. Un deseo, a decir de Europa, de que el continente americano sea el continente de lo inesperado, de lo que habíamos soñado y nunca visto", indicó el autor de "La región más transparente".

Sergio Ramirez premio Bienal de Novela "Mario Vargas Llosa"

El escritor nicaragüense Sergio Ramirez se alza con el premio de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra "El caballo dora...