miércoles, 23 de mayo de 2012

Entrevista con la escritora chilena Andrea Jeftanovic


Revista Ñ publica una entrevista con la escritora, y joven promesa de las letras chilenas Andrea Jeftanovic, dice así:
Es chispeante y afable. Tiene una ondulada cabellera rubia que alisa con las manos cada tanto mientras conversa. Toma su café y se admite una mujer dispersa y caótica a la hora de empezar a trabajar, principalmente porque le teme a la planificación literaria de “una gran obra”. Andrea Jeftanovic (1970) no sólo aborda problemas complejos, como la pedofilia y el incesto, sino que además lo hace con bastante talento narrativo y su prosa ha sido definida como directa y punzante. Sus temas sacan la basura oculta debajo de la alfombra de una mojigata sociedad chilena y sus cuentos apuntan a las relaciones familiares asfixiantes, todo a través de la infancia. En Hablan los hijos (Editorial Cuarto Propio), y en forma de ensayo, desglosa la figura de los niños en la literatura iberoamericana. Con No aceptes caramelos de extraños (Uqbar 2011) recibió el premio Círculo de Críticos de Arte de Chile como Mejor obra literaria del año pasado. Narradora, ensayista y doctora en literatura hispanoamericana de la Universidad de California, también es autora de las novelas Escenario de guerra (Alfaguara, 2000; Baladí, 2010), Geografía de la lengua (Uqbar, 2007), Conversaciones con Isidora Aguirre (Frontera Sur, 2009) y Estéticas y discursos en la perspectiva infantil en literatura contemporánea (Cuarto Propio, 2011). El año pasado estuvo en Buenos Aires invitada por la Fundación Filba y sus cuentos llegarán a México a través de la editorial Seix Barral. Sus narraciones generan escozor, tanto que Árbol genealógico fue censurado en Alemania y Estados Unidos, tachado de ser una apología a la pedofilia. Allí, padre e hija satisfacen impulsos sexuales y se trabaja la teoría del incesto. En Tribunal de familia ­el texto es llevado por la voz de la niña abusada. Pero la escritora rasga vestiduras en un país donde estalló el caso Karadima, uno de los mayores escándalos de abusos en la iglesia y donde todos los días, en los noticieros, aparece una denuncia parecida. Material para escribir tiene de sobra y Jeftanovic rebobina casos emblemáticos de pederastas, lee expedientes de abusadores y construye sus historias de una forma fragmentaria e instintiva. “Leí que se va a implementar un registro público de pedófilos...La literatura es una forma de pensamiento, sea cual sea el género, ha reflexionado sobre los genocidios, las dictaduras y lo seguirá haciendo. Ahora, estamos frente a un fenómeno más privado y aberrante, la pedofilia y otras formas de abuso más simbólicas hacia los niños. El arte deberá, y lo está haciendo, reflexionar y dilucidar las oscuras razones de esta conducta” -En “Hablan los hijos” hay un análisis que hace un cruce entre el abuso en la infancia y la pobreza. En Chile eso ha cambiado y durante estos años se han visibilizado casos en los estratos altos. -Hay un denominador común con la perspectiva infantil en la literatura o en la dramaturgia, fue que las figuras infantiles abusadas no lo son sólo físicamente, también los son laboralmente y económicamente. Cuando fui estudiando historia de la infancia y sobre la antropología en este tema, todo esto de los vínculos con los hijos, en nuestro discurso que habla de apego y de los derechos del niño son una mentira. La verdad es que son muy abusados y ahora ya no son sólo los niños de escasos recursos. Ese es un tema del que se va a escribir... Hay un ensayista, se llama Fernando Blanco, que habla de que la perversión que había antes en el sistema político, ahora se traslada a las esferas privadas por eso se daría la pedofilia y el abuso. -En Estados Unidos hay una sobrerreacción con la pedofilia, con padres que apenas pueden fotografiar a sus hijos de meses en una bañera. ¿Cómo fue que elegiste hablar de un tema tan sensible? -Reconozco que son temas difíciles y desagradables, pero pienso que el arte es un espacio interesante para la experimentación moral, si todo el tiempo estamos siendo bombardeados con noticias sobre estos temas, en el plano ficcional, porque no escribir de eso como una posible explicación. El cuento sobre el padre y una hija es una respuesta de por qué ellos terminan de esa forma y en incesto... Desde la tragedia griega se habla de esos temas, y en el caso de la censura de Árbol genealógico fue que no se pudo publicar en la antología en Estados Unidos y Alemania. -¿Cómo eliges el tratamiento de estos temas? -Voy pensando, preguntándome donde he leído sobre esto, cómo puedes contarlo para explicar una sociedad perversa, corrupta y hasta con abusadores impunes, de los poderosos que son aún más impunes. Karadima recibe visitas oficiales, y el empresario que abusó de sus hijos estará dos o tres años con una condena que no tiene relación con el delito. En los cuentos, trabajo mucho desde el miedo literariamente y lo demás desde la antropología. Imagino cómo en los vínculos que debieran ser más seguros, está el mayor riesgo. También pensé en novelas paradigmáticas como Lolita y Humbert Humbert con su pulsión hacia las nínfulas... -¿Qué lugar ocupa el niño como sujeto en la sociedad? -Nuestra época es contradictoria respecto al sujeto infantil, por un lado se apunta a convertir al niño en una figura sagrada dentro del orden social, una figura que se mima, que se cuida, que “no se toca” y para el que se dirigen los mayores esfuerzos; pero, al mismo tiempo, es un sujeto excluido del orden civil por su condición de menor de edad que lo margina del mundo de la ley (…) Por ejemplo, paradójicamente, en la era pos capitalista se ha convertido no sólo en un potencial consumidor, sino también en una mercancía de intercambio simbólica y materialmente; un objeto de deseo presente en el mercado, en la publicidad y en clandestinas prácticas corporales de explotación. Los medios de comunicación muestran que los niños son “blanco” de los peores abusos: pederastia, explotación laboral, participación forzada en redes de tráfico, secuestros y más. Has dicho que siempre te relacionan con el taller de Diamela Eltit, ¿te molesta esa mención? - Es curioso que siempre me pregunten por ella cuando terminé ese taller en 1997. Pero siento que fui una privilegiada al asistir a un taller extenso, de dos años y medio, que ya no hace. Fue un espacio de rigor y estimulación intelectual increíble. Nos obligaba a buscar nuestro registro personal, nos leíamos entre nosotros, a autores consagrados, no había Internet como ahora, intercambiábamos películas, autores, libros. De ese grupo, por lo menos salimos seis autores y autoras que nos hemos dedicado a la literatura. Diamela es una interlocutora dadivosa, exigente y lúcida. La escritora estuvo en primera fila en el movimiento estudiantil del año pasado, como profesora de la Universidad de Santiago. Se emocionó con ese movimiento transversal donde no sólo los afectados fueron los que pidieron un cambio, sino la sociedad completa. Andrea reflexiona: “Es triste pensar que tengo alumnos destacados y que el día de mañana van a ganar 500 mil pesos y tendrán que pagar 300 mil de crédito universitario”. El abuso es la gran parábola de sus novelas y cuentos, Jeftanovic concluye que la violencia hacia a los niños es terrible, pero que también hay un abuso institucional, fruto de un poder que niega a ese sujeto y lo reduce a un cuerpo para seducir, ideologizar, usar. Explica que el abuso también es un deseo de ocupar ese cuerpo desde el poder religioso, político, económico. “Las empresas y los políticos abusan del medio ambiente, de la ciudadanía con sus gestiones individualistas y de corto plazo. Abusa la industria farmacéutica, la salud y la educación. Hasta el fenómeno de los indignados tiene que ver con ese “basta de abuso”, basta de poderosos impunes...” dice convencida.
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Página oficial de la escritora

Texto raro de Julio Cortázar


La Editorial RM publicará un texto raro del maestor del relato Julio Cortazar, dice la nota:
Una breve pieza de Julio Cortázar, Corrección de pruebas de Alta Provenza, fue editada por la editorial RM a fin de adentrarse tanto en la obra del autor argentino como en sus propias reflexiones y en su modo de vida. Se trata, apunta un comunicado de la editorial, de un “texto singular”, que se publica en solitario por primera vez y en el que Cortázar relata la recepción de las pruebas de imprenta de su novela el Libro de Manuel (1973) en su refugio de Saignon, un pequeño pueblo de la Provenza (sureste de Francia). El novelista, que vivió entre 1914 y 1984, decidió sumergirse en la corrección del texto y se aisló recorriendo la Provenza en su furgoneta Volkswagen con la sola compañía de unas latas de sopa, vino tinto, una radio y su máquina de escribir. A la vez que escribe sobre sus textos y ejerce su propia crítica, relata lo que piensa y lo que sucede en su entorno, destaca el sello editorial. La edición de Corrección de pruebas de Alta Provenza tiene 49 páginas y está prologada por el escritor mexicano Juan Villoro. El texto fue publicado por primera vez en 1973 por la editorial Tusquets como parte de una antología de varios autores latinoamericanos y españoles como Lezama Lima, Octavio Paz, Gil de Biedma o Juan Goytisolo. Al parecer, la experiencia de viaje, aventura y escritura itinerante cautivó al reconocido autor de La casa tomada y Historias de cronopios y de famas, pues la repitió en 1982. Esta vez, el viaje fue de largo aliento y en compañía de su entonces pareja, Carol Dunlop con quien en el trayecto escribió a cuatro manos el célebre Los autonautas de la cosmopista.

Publican edición conmemorativa de "La ciudad y los perros"

Tapa de la obra

La Real Academia Española de la Lengua (RAE) en conmemoración de los 50 años de haber sido publicada la novela de Mario Vargas Llosa "La ciudad y los perros" publicará una nueva edición de la misma. "La ciudad y los perros" es lectura obligada para toda aquella persona iniciática en la aventura literaria. Un hermoso relato del Perú de los cincuenta. Dice la nota de El País:
Han pasado 50 años. Y ese joven peruano que en 1962 desvelaba al mundo la dura educación del Colegio Militar Leoncio Prado es ahora un nobel de literatura. La ciudad y los perros fue la novela de estreno de Mario Vargas Llosa, ganó el premio Biblioteca breve y su primera edición fue publicada en 1963. La última, en cambio, saldrá a la venta el próximo miércoles. Se trata de una edición conmemorativa, realizada por Alfaguara, con la que la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) celebran el cincuentenario de una obra “fundamental del boom latinoamericano”, como afirma un comunicado emitido por la RAE. Consta de 768 páginas y costará 12,90 euros. Traducida a más de 30 idiomas, La ciudad y los perros describe las duras condiciones en las que los jóvenes internos reciben la enseñanza secundaria en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde el mismo Vargas Llosa estudió durante dos años de su adolescencia. Su última edición ha sido coordinada por la Academia Peruana de la Lengua y su presidente, Marco Martos. El propio Martos se encarga también del texto que abre la obra, analizando fuentes e inspiraciones literarias de Vargas Llosa. El Nobel de Literatura ha vuelto a revisar la obra, que sale acompañada de los estudios de José Miguel Oviedo, Víctor García de la Concha, Darío Villanueva, Javier Cercas, Carlos Garayar, John King y Efraín Kristal. “La aparición de la novela marcó un paso importante en la superación de la temática indigenista, de la búsqueda de raíces y valores prehispánicos, avanzando hacia un terreno cotidiano, la realidad presente del ciudadano americano, vertebrado, todo ello, en nuevas formas de novelar para la literatura hispánica basadas en la experimentación con la técnica narrativa. Esta innovación de fondo y forma convierte a Vargas Llosa en punto de referencia fundamental de la narrativa hispanoamericana actual”, sostiene la nota publicada por la RAE. Vargas Llosa entra a formar parte de un club que ya cuenta con invitados más que ilustres. Entre las obras que RAE y ASALE han ido publicando en su serie de ediciones conmemorativas están Don Quijote, de Miguel de Cervantes, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, La región más transparente, de Carlos Fuentes y las antologías de Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

lunes, 21 de mayo de 2012

La misteriosa escultora de libros

Una de las esculturas. Foto Chris Scott 

En Escocia, país donde más fantasmas han sido avistados, existe una misteriosa escultora de libros, quién deja obras ehcas en papel de forma anónima, dice la nota del blog Papeles Perdidos:
Este es uno de esos casos en los que se hace casi inevitable recurrir al cliché: la realidad supera a la ficción. Los escoceses viven desde hace meses intrigados con el misterio de la escultora de libros, que desperdiga sus delicadas creaciones sin dejar rastro. Y ha vuelto a actuar: tras dejar esculturas en los estantes de la Scottish Poetry Library o la National Library of Scotland, hace unos días sorprendió al escritor Ian Rankin con un regalo de cumpleaños inspirado en su célebre inspector Rebus. El misterio continúa en Escocia -y los escoceses prefieren no saber la identidad de la escultora, según una encuesta de Evening News- y esta vuelta al mundo también. ¿Las escalas? En Francia, que celebra el Festival de Cannes más literario y en Estados Unidos, cuyas mamás reivindican sin reparos el placer de leer la erótica y superventas Fifty Shades of Grey. REINO UNIDO El misterio de la escultora secreta comenzó en marzo de 2011: un lector anónimo dejó una delicada escultura de un árbol realizada con hojas de libros en los estantes de la Scottish Poetry Library. La escueta nota decía: "Esto es para vosotros, para apoyar a las bibliotecas, los libros, las palabras, las ideas...". Ni rastro de firma. La segunda apareció en la National Library of Scotland en junio: era un gramófono para el que la escultora había empleado las páginas de La música del adiós de Ian Rankin. La tercera fue descubierta en un cine: la obra reproducía precisamente eso, una sala de cine, en la que una especie de guerreros salían de la pantalla para sorpresa del público allí sentado. Y el misterio crecía: a uno de ellos le había pegado una pequeña foto del escritor Ian Rankin. Las autoridades escocesas le preguntaron si tenía algo que ver con el misterio. Él sólo acertó a encogerse de hombros. Y siguieron apareciendo esculturas: en el Scottish Storytelling Centre, en el Edinburgh International Book festival, en una librería, en la UNESCO Edinburgh City of Literature... Parecía que la historia había terminado hasta que hace unos días Rankin escribió en Twitter "¿Os acordáis de la misteriosa escultora? Me ha enviado 17 pinturas, una por cada libro de Rebus". (vía Book Patrol y The Scotsman)
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20Minutos

viernes, 18 de mayo de 2012

Autobiografía literaria de Fuentes

El País publica una Autobiografa literaria de Carlos Fuentes, dice la nota:
A los 11 años, Carlos Fuentes recibió el premio del Instituto Nacional de Chile, en Santiago. Para entonces ya había escrito pequeños ensayos, cosas breves y, cuando tenía 18 años, participó en su escuela de México en un concurso de literatura. Ganó el primero, el segundo y el tercer premio. “Así decidí que mi destino estaba hecho. Y el de mis amigos también, porque se dedicaron a la política, no teníamos otra salida”, dijo mientras subía las cejas con risa burlona en la playa de Formentor, en Mallorca, donde el verano pasado recibió el Premio Formentor de las Letras. Allí desandó sus 82 años de vida por medio mundo. Gracias, primero, a la labor diplomática de su padre y después a los caminos por los cuales lo reclamó su propio éxito literario, hasta convertirlo en uno de los autores e intelectuales hispanohablantes clave de la segunda mitad del siglo XX y XXI y uno de los pilares del boom latinoamericano junto a Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Allí, a orillas del Mediterráneo, trazó su arco personal y literario y evocó algunos de sus libros. ‘LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE’ México habla al escritor (1958) “Pertenecía yo a una tradición, era muy amigo de Rulfo. Admiraba mucho su obra y me parecía que El llano en llamas y Pedro Páramo eran obras definitivas que cerraban un capítulo de estilo, de temática; y quedaba otra parte de la ciudad que no estaba escrita. Yo viví mucho la ciudad: fui muy parrandero, iba a cabarets, a burdeles, a los bailes, conocía mucho a la gente. Salía con Salvador Elizondo, éramos compañeros de parranda, y él se admiraba de mí y, a veces, cuando estábamos en alguno de estos sitios, me decía: ‘¿Por qué mejor no ves a las muchachas en lugar de estar tomando notas?’. Pero yo lo hacía, sin saberlo, para La región más transparente. De manera que cuando me senté a escribir la novela tenía una cantidad de elementos ya guardados inmensa, y la ciudad misma que estaba clamando por ser escrita. Yo sentía eso, que la ciudad me gritaba: ‘¡Escríbeme, por favor!, ¡Escríbeme, ¿por qué nadie me escribe?!’. Cuando salió decían que esa novela no valía la pena”, recordaba Carlos Fuentes. Así surgió una gran novela urbana cuyos retratos siguen vigentes. ‘AURA’ La luz y Maria Callas (1962) “Estando en casa de una amiga en París vi que ella salía de la recámara y al pasar por el tragaluz, ella, de tan solo 20 años, se transformó en una vieja por la luz que le cayó de repente. Así nació Aura, que escribí en cinco días en un café de París en 1962. Creyendo, como puede uno creer, que la obra era muy original, que no tenía antecedentes, la verdad es que no es así. Uno de ellos lo recordé más tarde, cuando vi en México, en los años cincuenta, La Traviata con María Callas. Ella hacía algo extraordinario al final de la ópera; mientras todas las sopranos echan el Do de pecho y se despiden con un aria enorme, María Callas no. Ella iba apagándose como una llama y cantando más levemente. Se apagaba la voz, se apagaba la vida. Eso me impresionó, y tiene que ver con Aura”. Esa historia de la joven que vive con su tía anciana y viuda y que Felipe Montero quiere liberar hasta que en su empeño entra en la confusión de la realidad. ‘LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ’ Pasado, presente y futuro (1962) “Entre tanto escribí La muerte de Artemio Cruz, que me faltaba como novela de mí país, de la revolución mexicana. Pero también era yo muy conciente del antecedente realista de otros autores españoles y pensé en la manera de darle otra forma a esta novela. Imaginé que habría tres personas que la contaban: un moribundo Artemio Cruz, en primera persona; la conciencia de Artemio Cruz, en segunda persona; y la vida de Artemio Cruz, en tercera persona. Presente, pasado y futuro”. Con esta novela empezó a adentrarse en la historia, el pasado mexicano, que sería uno de sus pilares literarios. ‘CAMBIO DE PIEL’ Para Julio Cortázar (1967) “Empezado los años sesenta iba muy bien, pero fue muy problemático porque uno no espera a los 30 años tener tanto éxito. Eso es antes de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Entonces sí tenía nervios, dudas, desorientaciones. Publiqué en 1967 Zona sagrada y Cambio de piel, pero no me sentía a gusto en mi propia piel”. La escribe y la dedica a Julio Cortázar, cuyo mundo late en sus páginas. Cholula es el pueblo mexicano en el que cuatro personas, que iban rumbo a Veracruz en un coche, desvelarán sus personalidades. De nuevo, las sombras de la historia, pero aquí en lo personal, sobre todo de Javier, que sacrificó sus sueños políticos e intelectuales por el amor. ‘TERRA NOSTRA’ Un proyecto de 10 años (1975) “No me sentí bien en mi propia piel y me preguntaba: 'Después de este éxito qué voy a hacer yo ahora? ¿Acaso voy a ser de esos escritores que escriben dos libros y se quedan en silencio, como Rulfo, o acaso voy a tener una existencia literaria más larga? No lo sabía. Entonces me embarqué en un proyecto literario que duró diez años: Terra nostra. Eso me dio aliento para seguir. Es una novela en la que tuve que investigar a fondo la época. Iba escribiendo poco a poco y la novela iba creciendo como una planta, como un arbolote. La terminé un año nuevo en Washington. Para muchos de mis lectores es mi mejor novela. Es para una minoría, no es una novela popular, de ninguna manera”. Es su obra más experimental. Trata del poder trasplantado de la corona española a sus colonias y para eso se remonta a los orígenes. ‘GRINGO VIEJO’ Un cruce de fronteras (1985) “Es un continuo cruce de fronteras en toda clase de ámbitos”, decía de Gringo viejo. La vida del periodista y escritor Ambrose Bierce, que un día cruza la frontera mexicana y busca unirse a las tropas de Pancho Villa, le sirve para decir que la vida no es una línea recta, y que no es solo el factor político el que determina destinos. ‘EL ESPEJO ENTERRADO’ La edad del tiempo (1992) La historia, el tiempo, la memoria y la imaginación están imbricadas en sus narraciones. Pero, ¿en qué momento reflexionó sobre eso?: “Fue a comienzo de los años ochenta. Era un momento blanco. No había más que nieve alrededor mío. No podía ni salir a la calle. Estaba muy encerrado y pensaba en el trópico, en las palmeras, en el mar. Y también en mi obra, entonces pensé en darle un título general y un orden. De ahí salió el nombre de todo mi ciclo literario: La edad del tiempo”. Entonces surge El espejo enterrado. De nuevo las relaciones entre España y América. El mirar atrás. La búsqueda de identidad de una metamorfosis continua. Un ensayo pormenorizado desde el punto de vista sociocultural. Un mundo que es ahijado de la tragedia de una vida utópica y real al tiempo. ‘LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ’ La mirada de la mujer (1999) “Las mejores novelistas del mundo son nuestras abuelas y a ellas, en primer lugar, les debo la memoria en que se funda esta novela”, escribe. Es la reivindicación femenina en la historia de México. Narra de manera paralela la historia de una mujer y la de su país durante una centuria: de 1868 a 1968. Independencias, guerras, revoluciones, guerras cristeras, PRI, modernidad… y los conflictos del mundo. ‘LA SILLA DEL ÁGUILA’ México, el enigma (2003) “México es un enigma para mí. Un país que se desborda y al que he buscado, tratado de entenderlo desde sus orígenes pero una de las respuestas y señas de identidad es que todo siempre se complica”. Y aquí lo hizo a través de una obra de corrupción política y de la ambición desmadrada que parecen sostener a toda una sociedad. ‘ADÁN EN EDÉN’ Lá última cruzada (2009) Es el comienzo de la última cruzada de Carlos Fuentes por radiografiar, descifrar y denunciar los males de la sociedad de su país: el narcotráfico y su capacidad para pudrir el tejido social.
Texto de despedida a Carlos Fuentes

jueves, 17 de mayo de 2012

Los Beatles...al revés

Fotografía de Iain Macmillan que subasta la galería Bloomsbury / BLOOMSBURY


Una foto poco conocida de la mítica banda británica será subastada, como se aprecia en la foto son los miembros de la banda cruzando Abbey Road al revés, dice la nota:
Si usted tiene al menos 12.000 euros que gastar en una fruslería y es fanático de los Beatles, el día 22 de mayo tiene una cita en la galería Bloomsbury de Londres. La prestigiosa casa de subastas ha puesto como precio de salida a una rara foto (46.4 x 45.7cm) del cuarteto de Liverpool la cantidad de 11.298 euros (9.000 libras esterlinas). La imagen, tomada por Iain Mcmillan en 1969, resulta curiosa: en ella se ve a los cuatro integrantes de la banda cruzando el mítico paso de peatones de Abbey Road pero en el sentido contrario al que se observa en la portada del disco titulado con el mismo nombre. Los músicos grabaron ese LP entre febrero y agosto de 1969 y corresponde al penúltimo que pusieron a la venta antes de separarse. Así que, para esta sesión de fotos, las cosas entre ellos digamos que se podría considerar que estaban un poco tensas. El controlador de Paul McCartney tenía muy claro cómo quería que fuera la imagen y hasta hizo un croquis de ella, según ha contado el ya desaparecido fotógrafo Iain Mcmillan que sólo tuvo los 10 minutos que la policía cortó el tráfico en la calle para tomar la instantánea. Este descarte tiene su morbo puesto que Abbey Road es una de las portadas en las que la leyenda urbana asegura que se escondía el mensaje secreto de que Paul McCartney estaba muerto. Supuestamente era suplantado por un doble según la teoría conspirativa. De ahí que en la foto original él sea el único que va con el paso cambiado, con los pies descalzos y fumando. Aquí, sin embargo, se le ve despreocupado calzando una chanclas como de ir por la playa, no está fumando y, sobre todo, cruza el paso de peatones, como el resto de sus compañeros, de derecha a izquierda. En 1989, Mcmillan intentó poner en palabras la razón del éxito de esta fotografía: "Es una imagen que se ha convertido en un icono de los sesenta. Supongo que lo es. Creo que la razón principal para que sea tan popular reside en su simplicidad. También es una foto en la que la gente se puede ver identificada puesto que se trata de un lugar por el que todavía pueden caminar". Y tanto. Es famosa la cámara web que apunta desde los estudios Abbey Road al paso de peatones y en la que se puede ver cómo es todavía un lugar de peregrinación de miles y miles de fans. Sarah Wheeler portavoz de Bloomsbury en Londres aseguró al diario británico The Guardian: "McMillan tuvo sólo 10 minutos para hacer esta fotografía y sólo pudo hacer siete disparos de los Beatles camiando de un lado al otro del paso de peatones".
Algo más sobre la sesión de fotos pincha aquí

miércoles, 16 de mayo de 2012

Se fue Carlos Fuentes

Hace dos días posteamos sobre la lucidez y claridad de Carlos Fuentes, hoy debemos lamentar su partida de la región más transparente, hasta siempre Carlos. Dice la nota:
La muerte de Fuentes por una hemorragia masiva, al parecer debida a una úlcera, sorprendió a México. Exembajador en Francia, exalto funcionario del Gobiernno mexicano, novelista, cuentista, articulista frecuente en español y en inglés —su primera lengua—, dramaturgo, ensayista, guionista de cine, autocatalogado de izquierda, considerado de derecha, el prolífico escritor mexicano acababa de publicar el cronicón La gran novela latinoamericana y su libro de ficción Carolina Grau. A medida que los años avanzaban, las novelas de Fuentes crecían en volumen. En La muerte de Artemio Cruz (1962) reconstruyó, siguiendo fielmente el modelo del novelista estadounidense sureño William Faulkner, la agonía de un personaje clave del mayor acontecimiento mexicano del siglo XX, la Revolución de 1910. En Aura (1962), Fuentes prefirió seguir a los narradores franceses contemporáneos, de la llamada escuela de la nueva novela. Compuso así una de las primeras novelas en español que no están redactadas ni en tercera ni en primera persona, sino en segunda. La novela Terra Nostra (1975), que supera con holgura el medio millar de páginas en apretada tipografía, es otro intento de síntesis ficcional de la historia mexicana. En la época de su redacción, Fuentes era embajador en Francia de Luis Echevarría, presidente aperturista del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que monopolizaba el poder en México. Por aquellos años, la fama de Fuentes, traducido a todas las lenguas europeas, alcanzaba una representatividad también monopólica de las letras mexicanas. Sus libros ganaban más compradores. Es difícil decir si ganaban más lectores. “Sólo si a uno le pagan una beca puede decidirse a leer Terrra Nostra”, escribió el gran periodista mexicano Carlos Monsiváis. Anticipándose al Quinto Centenario de la llegada de los españoles a América, publicó en 1987 su magna novela Cristóbal Nonato (1987). La Ciudad de México, tan lejos por entonces de ser “la región más transparente del aire”, era nuevamente protagonista. Fuentes alternaba su residencia entre México DF y Londres. Visitaba frecuentemente Buenos Aires, ciudad donde había vivido antes de cumplir los 16 años, y cuyos cines de la calle Lavalle añoró en su novela Cambio de piel (1967), una de las más clásicas, por sus experiencias con el lenguaje, el erotismo y el ritmo narrativo, del boom de la novela latinoamericana en la década de 1960. Fuentes visitó Buenos Aires diez días atrás. Quienes lo conocimos recordaremos el acento internacional de su español neutro, el buen corte de sus trajes, que prefería nunca repetir, la elegancia de su segunda esposa Silvia Lemus (que le dio dos hijos que murieron, uno hemofílico, otra comprando drogas), sus citas de autores conocidos, su gusto por las divas del cine argentino de la edad de oro (él se jactó de amoríos con su compatriota María Félix) y su pasión por saber quiénes eran los escritores más famosos del momento. Una carrera a la que sólo faltó el Nobel En más del medio siglo transcurrido desde su primer libro, el volumen de cuentos Los días enmascarados (1954), hasta el último Carolina Grau (2012), las ficciones de Fuentes fueron de las exportaciones mexicanas mejor recibidas. Novelista del boom latinoamericano, ganó el Premio Cervantes (1987) y el Premio Príncipe de Asturias (1994).
Más información en:
Excelsior de México
Perfil en Milenio

lunes, 14 de mayo de 2012

Emir Kusturica publica sus memorias

Uno de los grandes directores europeos, cuya estética fascinante muestra la a veces hiperrealidad en la que vivimos, dice la nota de www.estandarte.com/

El director de cine Emir Kusturica publica sus memorias, ¿Dónde estoy en esta historia?, editadas en español en Península. Se trata de la memoria sentimental, política y cinematográfica de uno de los más grandes directores de cine de la segunda mitad del siglo XX, dos veces ganador de la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes. Historia, memoria, vivencias, películas, amores, familia, fracasos y éxitos, Cannes, Berlín, Yugoslavia, Serbia y la música… Escrito con la energía que caracteriza su obra, estas páginas son el apasionante repaso de una vida en marcha y una apuesta por el futuro. Sin duda, la mejor forma de acercarse a uno de los más brillantes directores de cine. Así comienza ¿Dónde estoy en esta historia?, las memorias de Kusturica: El hombre tiende a olvidar, y con el paso del tiempo el olvido se ha convertido en un arte fundamental de la especie humana. Si el olvido, ese gran señor, no atenuara los pensamientos apasionados, los convirtiera en razonables y los ordenara, nuestro cerebro sería un simple contenedor. Sin el olvido, ¿podríamos dirigir la mirada al futuro? ¿Qué pasaría si sintiéramos que de nuestra alma no deja de manar sufrimiento, si el olvido no cubriera los duros momentosde nuestra vida como las nubes ocultan el sol? Sería imposible sobrevivir.
Más información en:

Biografía
Web oficial (inglés)

La claridad de Carlos Fuentes

Entrevistado en ocasión de su llegada a la Feria del Libro de Buenos Aires, Fuentes expresa su lucidez y claridad meridiana sobre la liteatura, América y otras cosas:
Carlos Fuentes llegó a Buenos Aires a comienzos de mayo para asistir a la Feria del Libro. Acababa de entregar un libro a su editorial y ya tenía otro en la cabeza, iba de un almuerzo a una cena, firmó ejemplares durante tres horas, recibió a decenas de periodistas, uno detrás de otro, respondió a cientos de preguntas sin titubear, sin demorarse, sin dudar en un nombre ni una fecha. Y siguió paseando sus 83 años entre América y Europa, sin atisbo de cansancio. El secreto tiene mucho que ver con su pasión por la escritura. "Mi sistema de juventud es trabajar mucho, tener siempre un proyecto pendiente. Ahora he terminado un libro, Federico en su balcón, pero ya tengo uno nuevo, El baile del centenario, que empiezo a escribirlo el lunes en México". Pregunta. ¿Sin horror al vacío de la página en blanco? Respuesta. Miedos literarios no tengo ninguno. Siempre he sabido muy bien lo que quiero hacer y me levanto y lo hago. Me levanto por la mañana y a las siete y ocho estoy escribiendo. Ya tengo mis notas y ya empiezo. Así que entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores, ya tengo bastantes razones para seguir viviendo. P. ¿No cree que a veces al cumplir años uno no se hace más sabio sino más torpe a medida que se afianza en sus viejas convicciones? R. Depende de quién. Yo soy muy amigo de Jean Daniel, el director del Nouvel Observateur. Es un hombre que acaba de cumplir 91 años y es más lúcido que usted y yo juntos. Nadine Gordimer tiene noventa y tantos. Luise Rainer, la actriz, a quien veo mucho en Londres, tiene 102 años. Y va conmigo a cenas, se pone un gorrito y va feliz de la vida. No hay reglas. El hecho es que cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada. Las calles de Buenos Aires le hacen recordar a Carlos Fuentes su adolescencia entre risas, como si acabara de sucederle ayer, inmune a las trampas de la nostalgia. R. Viví mucho Buenos Aires porque mi padre llegó como consejero de la embajada de México en 1943. Como el ministro de educación era Hugo Wast, en la escuela se daba una educación fascista. Y le dije a mi padre: “Mira, yo vengo de la escuela pública de Washington, no soporto esto”. Y mi padre me dijo: “Tienes toda la razón, tienes 15 años, dedícate a pasear”. Y eso hice. Durante un año me convertí en hincha de la orquesta de Aníbal Troilo. Lo seguí por todos lados. La librería Ateneo me alimentó con literatura argentina, me enamoré de una vecina que me doblaba la edad. Yo tenía 15 años, ella 30. Y siempre que regreso tengo la sensación de que rejuvenezco, de que vuelvo a tener 15 años y dónde está la francesita de enfrente, ¿no? P. ¿Fue correspondido? R. Mmmuy correspondido porque el marido estaba dirigiendo películas el día entero. P. ¿Cómo nota ahora la ciudad? R. Ha cambiado muy poco, es una ciudad idéntica a sí misma. Era una ciudad que se hizo en el gran auge ganadero y agrícola, desde [Domingo F. ] Sarmiento (1811-1888) hasta 1940. Pero están las mismas grandes avenidas, los mismos grandes hoteles... México es una ciudad más antigua, una ciudad india primero y después una gran ciudad de la colonia. Pero esto era una aldea en 1820 y dio un gran salto y se convirtió en Buenos Aires, que era la ciudad más atractiva, más moderna de América Latina. En esos años los argentinos despreciaban mucho al resto de América Latina: los brasileños eran macacos, los mexicanos éramos pistoleros. Y ahora ya somos iguales todos. P. ¿Bailaba tangos? R. Lo bailo muy bien. Tuvimos una cena en Montevideo que le dio el presidente [Julio María] Sanguinetti al presidente [Ernesto] Zedillo. Sanguinetti baila el tango estupendamente. Bailó con su mujer… ¡guau, aplausos!… Y le dijo a Zedillo: “Ahora, usted”. Y el presidente me dijo: “Carlos, tú represéntame”. Y yo bailé con mi mujer. Representé a México gracias al tango. P. Un escritor que recibe trato casi de jefe de Estado, ¿cómo se las arregla para escuchar? R. Un escritor tiene que escuchar porque si no, no se sabe cómo habla la gente. Anoche, por ejemplo, pasé dos horas o tres firmando libros en la feria. Pero, sobre todo, para oír a la gente, para ver qué piensa. Y, más que nada, yo les pregunto a ellos.
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Sopocachi y los inicios de Isabel Allende



El candoroso barrio de Sopocachi (La Paz, Bolivia) fue donde inició en la literatura la escritora chilena Isabel Allende, dice la nota de Página Siete:
En 1953, la pequeña Isabel Allende Llona se enteró de que, por razones de trabajo diplomático, su padrastro, ella y su familia tendrían que viajar y vivir dos años en la ciudad de La Paz, Bolivia. Partieron hacia el nuevo destino encabezados por Ramón Huidobro, el “tío Ramón”, como llamaba Isabel a su padrastro; se instalaron en el tradicional barrio paceño de Sopocachi, en una hermosa residencia en cuyo terreno hoy se levanta el edificio Da Vinci (en la calle Sánchez Lima casi esquina Rosendo Gutiérrez). Allí vivieron hasta 1955, para luego partir a Líbano, capital de Beirut. “Las primeras semanas fueron las más duras porque extrañaba a mi abuelo y la casa de Santiago. Mamá entendía mi nostalgia y, en principio, me permitió pintar un mural en una gran pared de mi habitación donde expresaba todas mis sensaciones; sin embargo, después de unos días, me obsequió un cuaderno y me dijo que en lugar de pintar escribiera y que fuera un ‘Diario de viajes’. Desde aquel día no dejé de escribir nunca más”, afirma la prolífica escritora chilena nacida en Lima, Perú, un 2 de agosto de 1942. Su padre, Tomás Allende, primo hermano del extinto presidente chileno Salvador Allende, era funcionario diplomático de Chile en la capital peruana. Su madre, Francisca Llona, “doña Panchita”, era hija de Isabel Barros Moreira y Agustín Llona Cuevas. En 1945, tras ser abandonados por su esposo, “doña Panchita” anula su matrimonio con Tomás Allende y regresa a Chile con sus tres niños a vivir en la casa de su padre en Santiago, donde los pequeños crecen al cuidado de su madre y del abuelo. Isabel Allende contaba por aquel entonces con tres años y algunos meses. Vivir con su abuelo, Agustín Llona, fue fundamental en la vida y en la posterior obra literaria de Isabel Allende, como lo fue también para Gabriel García Márquez el coronel Nicolás Márquez. Es una influencia expresada, particularmente, en La casa de los espíritus (1982) y en Cien años de soledad (1967), respectivamente, por dos íconos del realismo mágico latinoamericano. Gratos recuerdos “Era una niña muy tímida y una lectora voraz. Recuerdo que mi tío Pablo me regaló la edición hispana de Obras completas de William Shakespeare, la cual llevé a La Paz y aún hoy conservo. También me obsequió una linterna, con la que solía leer de todo debajo de la sábana, ya que mis padres nos marcaban una hora para dormir”, recuerda la reciente ganadora del Premio Hans Christian Andersen de Literatura. En La Paz, “tío Ramón” dejaba en el colegio Americano a Isabel y la recogía su madre, “doña Panchita”. Isabel Allende admite que en primaria nunca fue buena alumna en matemáticas y, más adelante, en secundaria, tampoco en física y química. ”En La Paz hice buenos amigos en colegio, pese a que era muy tímida. Aunque han transcurrido casi 60 años, el recuerdo más grande que tengo son las empinadas calles de Sopocachi y los paseos que en familia solíamos dar por ese gran mirador, ¿cómo le llaman?, ah' El Montículo, donde quedaba como petrificada observando un nevado tan hermoso, ¡el IIlimani!”, expresa, luego de pedir referencias que le permitieran acordarse de ambos. Isabel Allende no pudo recordar la ubicación de su casa en Sopocachi y sólo atinó a decir que era de tres plantas y estaba próxima a una plaza (presumimos que se refiere a la plaza Abaroa), donde jugaba con sus hermanos luego de cumplir con los deberes del colegio. Un amigo paceño de William Gordon, actual esposo de Isabel Allende, quien fue el nexo para lograr la entrevista con la escritora y el presente reportaje, afirmó que la casa se hallaba en la calle Sánchez Lima, a pocos metros de la calle Rosendo Gutiérrez, en el terreno que hoy ocupa el edificio “Da Vinci”.
Recreación de la vivienda de Allende en Sopocachi dibujo a plumilla de Carlos Calvimontes